El ultimo muerto de “Hawk Creek”

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Era el frío mes de Marzo de 1863. En los territorios centrales del continente en la naciente nación de los Estados Unidos, en medio del deshielo de la nevada más grande que cayó en varios años en la zona durante el mes de diciembre dejando todo el lugar vestido de blanco, con una capa de más de un metro de nieve en los valles y montañas, en medio de la nieve que en varias áreas ya estaba casi derretida en esos días; un grupo de 65 soldados de la caballería de la unión se dirigían hacia esa área para crear un fuerte.

Los soldados detuvieron su marcha porque los mapas marcaban que era la zona donde se había asentado un poblado que los viajantes llamaban “HAWK CREEK”.
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Después de un día en el área, no encontraban el pueblo, por lo que de nuevo el coronel Addams, Juntando a sus exploradores, les ordeno: “volverán a revisar toda el área, sabemos que está aquí, el invierno fue extremoso esta vez; Y aunque ya vimos que cayó demasiada nieve en esta área, no creo que haya desaparecido el pueblo. Mañana a primera hora volveremos a salir para encontrar esta gente y este pueblo, vayan a cenar y descansar, mañana será otro día.”

Con cara de preocupación el coronel comento a su teniente que temía lo peor por la cantidad de nieve que habían encontrado en la zona.

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El pueblo de “HAWK CREEK”, se fundó en 1858 al pie de la montaña, era un lugar apacible y su gente vivía tranquila desde que llegaron ahí los primeros 43 colonos para fundarlo, hacía ya, cuatro años  y en ese tiempo, habían llegado más colonos así como viajeros que solo estaban uno o dos días retirándose, en la actualidad era un pueblo de unos 80 habitantes, entre los colonos fundadores se encontraba Joseph, su esposa Helen y su familia, que se habían asentado en el área foránea del pueblo cerca del bosque al pie de la montaña y se dedicaba al cultivo así como a la cría de ganado, él y su familia se sentían felices ya que ese año fue su tercer y mejor cosecha, y habían logrado varias crías de ganado, todo era de maravilla para su familia, era el mes de Diciembre de 1862.

Ese día, al ver que el cielo se estaba comenzando a nublar peor que los días anteriores entrando a la casa, vio a su esposa a quien después de darle un beso, y saludar a sus hijos dijo:

-Helen, iré al pueblo, ya que faltan víveres y varias cosas, amenaza tormenta así que tratare de ir lo más rápido que pueda, cierra bien todo, no quiero que si la tormenta llega antes que yo sea un desastre, así que guarden los animales que faltan y enciérrense bien en la casa, regreso en unas tres horas.

– Esta bien (dijo Helen), ve con cuidado, meteré también lo que falta de ropa porque la lluvia no tarda en comenzar a caer,  te esperamos pronto, no tardes.

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El coronel, por la mañana a primera hora, habiendo desayunado; les ordeno que avanzaran en grupos de tres para buscar el pueblo en las faldas de las montañas, después de unas horas llego uno de los exploradores y dirigiéndose con el coronel:

“Coronel, señor, el pueblo está más al norte de lo que habíamos supuesto, lo hemos visto por el catalejos, parte de los tejados y edificios, regresamos para informarle.”

“Bien hecho, soldado, llame al cabo para levantar el campamento y acudir a donde está el pueblo antes de anochecer.”

Después de levantar el campamento que tenían improvisado y dejar un vigía apostado para informar a dónde avanzar conforme fueran llegando los demás grupos, se dirigieron hacia el pueblo, llegando un par de horas antes de anochecer, entrando al pueblo, viendo que todo se encontraba desierto, por lo que ordeno que fueran revisando las viviendas y negocios del mismo.

El coronel se dirigió al bar, viendo que todo se encontraban como si las personas se hubieran ido de prisa, dejando las cosas en su lugar, como si fueran a volver más tarde; extrañándole esto,  fueron llegando los demás soldados indicando lo mismo, que en las casas y edificios; las cosas estaban en su lugar pero que no había ninguna persona en el pueblo.

Decidió que dormirían ahí esa noche, y mando hacer una hoguera en el centro del pueblo para que sirviera de guía a los que quedaron rezagados y por la mañana verían que paso con la gente del pueblo.

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Durante el viaje hacia el pueblo, centrado en hacer las cosas rápido, solo escuchando el golpe de los cascos de su caballo y mula al trote para ganar tiempo en el viaje, sonido que era solamente disminuido por el siseo de los vientos leves al rosar su sombrero y los truenos con su atronadora voz comenzando a anunciar la lluvia que le acompañaba, estaba llegando a la entrada del pueblo cuando las primeras gotas de lluvia comenzaron a caer recias, golpeando donde caían.

Sintiendo en su sombrero como esas gotas se lo movían por lo grande que eran, y en sus oídos escuchando el sonido de las gotas que golpeaban el ala de su sombrero así como los tejados de las casas por las que iba pasando, cuando de repente un relámpago cruzo el cielo tras él, iluminando todo el pueblo frente a sus ojos con un tono azulado, y extrañándole que antes de cerrar los ojos por el estruendo, creyó ver a una joven de cabello blanco parada a un costado de una pared, reparando su caballo por el estruendoso  sonido que genero el relámpago, no viéndola de nuevo, creyendo que era su imaginación; en ese momento dejando de caer las gotas iníciales de la lluvia.

Se dirigió al almacén y después de saludar y platicar un par de minutos del clima con el dependiente, dejando la lista de víveres para que la surtieran, en lo que el acudía con el herrero para recoger las cosas que le había encargado unos días antes; encontrándose en la calle con Samuel quien siendo un hombre maduro y de los fundadores fungía como sheriff por ser uno de los hombres más honestos, respetuoso y un líder nato entre la gente, le saludo: “Joseph, ¿qué haces aquí?, al ver el clima, pensé que estarías encerrando a tu familia en el hoyo que hiciste y llamas sótano para protegerla de esta tormenta, no que estarías aquí de paseo”.

Mientras los relámpagos con su atronadora voz, volvían a iniciar su canto, avisando lo inminente de la tormenta que ya estaba a las puertas del valle, Joseph volteando a ver a Samuel, y sonriendo con él, le contesto: “hola viejo, también me extraña que no te hayas metido en esa cueva que llamas hogar” (mientras señalaba hacia el risco que cortaba la montaña pegada al pueblo, donde había varias cuevas).

Samuel riendo con el respondió: “si esto es lo que parece; créeme que llevare a todos a mi “casa” para protegerlos”.

Antes de entrar a la cantina, para tomar un trago y pasar a recoger su pedido en el almacén; volteo hacia el valle donde estaba su rancho, vio que el cielo se estaba poniendo como la noche de obscuro a pesar de ser poco después de mediodía, viendo los relámpagos que iluminaban el horizonte, frunciendo el ceño porque vio hacia la salida del pueblo de nuevo a la chica que se oculto tras un almacén, recomponiéndose dijo mientras se rascaba la barbilla:

“amigo, no tardes mucho en decidir, (y señalando hacia la tormenta) eso, creo que es más serio de lo que pensamos todos.

Después de tomar su trago, acudió al almacén por sus cosas, pensando mientras cargaba la mula para llevar los víveres: “La primer tormenta de este tamaño en el pueblo”; pensó que en los cuatro años previos desde que el pueblo fue fundado, nunca habían visto nubes de tormenta como esas.

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El coronel, después de haber desayunado y haber formado a los soldados, hablando con ellos les dijo: “no sé qué diablos paso aquí. Pero la gente de este pueblo no pudo haber desaparecido así nada mas, así que partirán en grupos que se dividirán para revisar todos los ranchos y casas que se encuentren fuera del pueblo, según los registros del sheriff, hay cuatro ranchos y tres casas fuera, no irán más de diez millas de aquí, espero que encuentren a alguien y regresen rápido para tener noticias, vamos por esos civiles muchachos” saliendo los soldados a caballo por los dos lados del pueblo, y comenzándose a dividir, ordeno a los soldados que partieran  para ver si encontraban a alguien que les explicara lo que pasaba ahí, mientras él y los que quedaron se pusieron a buscar en todo el pueblo para encontrar algo o alguien que les ayudara a entender que pasaba.

Por la tarde los grupos de soldados fueron volviendo con las mismas noticias, no hay ninguna persona en los ranchos, los animales muchos estaban muertos, otros a punto de morir, pareciera que los habitantes emigraron.

Lo extraño le dijo un soldado: “dejaron todo, se fueron sin nada, solo lo que llevaban puesto, mi coronel.”

Después de haber revisado los ranchos que se encontraban en las afuera del pueblo, solo un grupo llego con la noticia que en el camino a uno de los ranchos encontraron un par de bestias en el camino; pero no encontraron al jinete ni rastro de a donde pudo haber ido.

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Joseph, ya en las afueras del pueblo se comenzó a preocupar por el regreso, ya que el viento que tenia de frente estaba comenzando a tomar fuerza así como a caer nieve junto con la lluvia y no llevaba ropa para ese frío, por lo que pensando: “solo son seis millas, llegare rápido”, azuzo al caballo para tomar velocidad y llegar más rápido, pero al ir sobre el camino que poco a poco se perdía por la nieve que estaba cayendo en abundancia, el viento que  se hacía más fuerte y viniendo de frente, cada vez su visión se hacía menor tanto por el viento como por la nieve, su sombrero se lo había amarrado y llevaba la cabeza agachada, para poder soportar las rachas de los viento que le helaba por dentro a cada respiro sintiendo que los pulmones se le quemaban por el frío que ingresaba a su cuerpo, los vientos fuertes de tormenta que silbaba un canto de muerte para Joseph, solo era acallado por el sonido de los relámpagos y truenos de la Nevazón que comenzaba.


Avanzando lentamente por el camino, la nevazón parecía que había tomado su mayor intensidad lo que hacía más difícil tanto el ver, como el respirar, ya que la nieve cayendo no permitía ver más allá de diez o quince metros, respirar le costaba cada vez más, metiendo la nariz y la boca bajo su abrigo no logrando gran cosa con esto; tratando de apurar las bestias, parecía que en vez de avanzar se quedaba atorado sin caminar, las seis millas de camino a su casa pareciera que fueran muchas más, queriendo apurar daba palmaditas a su caballo en el cuello animándolo a avanzar pero el animal presintiendo el peligro solo relinchaba avanzando despacio y con las ráfagas de viento que parecía que los aventaría de nuevo al pueblo, antes que el camino se perdiera en la nevada vio los arboles del bosque que se encuentra a pie de la montaña, y eran el indicador que ya había avanzado la mitad del camino, pero que a él le parecía que eran más de veinte millas.

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En el pueblo; Samuel, apurando a la gente, juntándolos casi recién salido Joseph, para llevarlos a la montaña que se encontraba a un kilometro o un poco más, generando un éxodo con los casi 80 habitantes de la pequeña población de “HAWK CREEK”.

Después de salir del pueblo, Samuel, estando al pendiente que nadie quedara retrasado, viendo a la gente y tras ellos al pueblo, vio que a un lado del camino, sobre una peña saliente estaba una joven de cabello blanco, que solo observaba el grupo sin moverse y a la cual no parecía afectar el viento ni el clima que se estaba desatando, por la experiencia de los años, Samuel se puso algo nervioso y comenzó a apurar al grupo. Avanzo el grupo poco más de media hora  por el escarpado lugar, soportando la nieve que caía junto con la lluvia y los vientos que minuto a minuto se hacían más fuertes y que a más de uno ya había tirado por el suelo, con las cosas que llevaban para pasar esa noche y tal vez un par de días en lo que pasaba la tormenta, por fin llegaron a la entrada de la cueva, un lugar bastante amplio, donde Samuel el Sheriff, tenía su “acogedor hogar”, poniendo a los hombres a hacer varios fuegos en la cueva para generar el calor suficiente y mantenerlos cálidos, y a las mujeres a hacer caldo, indicándoles donde tenía los barriles con agua del rio, y algunas verduras, así como carne que llevo del pueblo. “Espero que esto pase rápido, tal vez un día más esperando que se calme el clima, en un par de días estaremos en el pueblo de nuevo”. Les estaba diciendo a todos. Mientras ayudaba a acomodar a los niños en lo más profundo de la cueva; para protegerlos mejor del frio.

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Joseph, maldiciendo su suerte por no ir al pueblo antes, ya que había estado nublado en los días anteriores, sin llegar a llover.

Después de pelear contra el viento y la nieve que cayendo de frente en una nevada casi horizontal por los fuertes vientos,  Joseph cerró los ojos un momento para poder tratar de ver mejor; en sus oídos, el ruido de los rayos y del viento de súbito ceso.

El frio dejo de sentirse, por lo que abriendo los ojos, se sorprendiendo de que estuviera de pie en medio de la nada, estaban las cosas quietas y el lugar cubierto de nieve.

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Joseph, aun con los ojos cerrados, soltó la rienda de la mula al sentir que casi se cae porque no quiso avanzar más, y agachado en el cuello de su caballo entumido por el frio intenso que se sentía por el viento y la nevada, dándole cariños a su caballo para que no se detuviera pero unos metros adelante el caballo relincho, y levantándose en dos patas tirando a su jinete, caía el animal inerte por el frio entre la nieve, Joseph, tomando aire dentro de su abrigo de piel que llevaba, con su mente perdida en otra parte, viendo los arboles, con voz apenas audible dijo: “los… arboles…” levantándose dificultosamente por el viento y el frio, avanzo despacio sin sentir apenas las piernas, solo diciendo: “Helen… Joseph… Mary Ann… ya voy a llegar… tengo que llegar”

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El coronel, sentado en una banca fuera de la comisaria, donde dominaba todo el pequeño pueblo, y los riscos de la montaña que se encontraban pegados casi al pueblo, meditando un par de horas viendo el paisaje de la calle principal de el pueblo de pocos edificios de un piso que se veían blancos por la nieve, nada importante en ellos y quedándose viendo a los riscos; “un pueblo naciente que ha desaparecido”, dijo para sí, abriendo los ojos sorprendido, dijo: “las cuevas!!”,   dando una fumada a su pipa se levanto de la banca y acudiendo con los soldados, dijo: “en esta montaña, hay cuevas. Lo recuerdo de mis tiempos de explorador, así que hagan tres patrullas y revisen las cuevas que se encuentran en las faldas, si salieron de aquí no deben estar muy lejos por el frio y es un buen lugar para refugiarse y quiero ocho voluntarios para ir al bosque a buscar a quien dejo las bestias tiradas en el camino, y otros ocho para ir y revisar de nuevo los ranchos de las áreas”…

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A su alrededor, Joseph, todo lo veía negro, pero en espacio donde se encontraba de unos veinte metros alrededor, estaba iluminado, pero era una luz que no venía de ningún lado,  no recordando haberse bajado del caballo y no  viéndolo en ningún lado, mirando sus manos, y tocándose se preguntaba que había pasado; cuando vio que alguien se movió en los arboles que se encontraban a su derecha, levanto la vista viendo cómo salía detrás de los arboles una joven vestida en un vestido color celeste, con el cabello también como la nieve… blanco, saliendo de su asombro pregunta a la joven escuchando como se genera un eco al hablar: “que paso?, Quien eres tú?”.
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Ya habían pasado horas y la tormenta no parecía amainar, al contrario, las ráfagas de aire gélido entraban en la cueva, pero con las antorchas y los fuegos que hicieron por la cueva de más de cincuenta metros de profundo así como unos treinta metros de ancho y unos diez de alto, no se sentía tan fuerte, Samuel estaba en la entrada viendo el paisaje como se desaparecía ante la nevazón, dando la media vuelta, volviendo a entrar, diciendo a todos, “estén tranquilos, aquí estaremos bien, acomódense y descansen, no puede tardar mucho en pasar esto”.

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Los soldados, acompañados por el coronel Addams, comenzaron a subir despacio por el terreno para llegar a el área de las cuevas, los de avanzada le informaron que aun había demasiada nieve, que al parecer había habido un derrumbe, había nieve, piedras y tierra, el coronel dio la orden a unos soldados que avanzaban con el, que se regresaran y trajeran palas y picos para en caso de que alguna cueva se hubiera tapado comenzar a escarbar. Mientras siguieron avanzando hacia el pie del risco, de reojo el coronel, vio que alguien se movió, volteando hacia el montón de nieve sucia y lodo no vio a nadie aunque estaba seguro que alguien había ahí…

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La joven viéndole, hablo sin mover su boca: “Joseph, mi nombre es Hela, y he venido para que estés a mi lado… ”

Joseph poniéndose más serio dice: no sé quién eres, a que te refieres con que vienes a mi lado, ya casi llego a mi casa; así que dime que está pasando?

Hela, como si flotase, se dirigió despacio a donde estaba el, quedo a unos centímetros de la cara de Joseph, que aun siendo alto se vio pequeño ante el ser a quien le vio el rostro por fin, a pesar de la belleza de Hela quedo su mirada clavada en los ojos de ella, totalmente negros y sin brillo; ella clavando su mirada en los ojos dijo: “No Joseph, vengo por ti; porque estas muriendo, o dime cuando ha parado la tormenta?, estas muriendo de frio y he venido a por tu alma… y por la de todos lo que en este pueblo viven incluida tu familia.”

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Habían pasado ya más de diez horas, era de noche y la tormenta no parecía que se fuera acabar, al contrario, la nieve se estaba acumulando en la entrada, los pobladores se estaban comenzando a preocupar, pero Samuel, le dijo que no se preocuparan que la nieve no podría tapar la entrada a la cueva; ya entrada la noche todos se comenzaron a acomodar en distintos lugares para dormir esperando que al dia siguiente ya pudiesen regresar al pueblo.

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Llegando los soldados con varias palas, el coronel les pidió que un par de grupos se fueran a las cuevas que se veían desde ese punto para revisarlas mientras el y los demás soldados que pusieran manos a la obra escarbando donde el estaba seguro que había visto a la persona de reojo, pasando la mayoría del día escarbando y moviendo piedras para hacer camino hacia donde el creía que estaba una cueva…
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Por la madrugada, la nevazón que parecía no amainar, Samuel que se encontraba medio dormido, en el fuego que había en medio de su hogar, cuando escucho un crujido como si la tierra se estuviera partiendo, que venía de la entrada de la cueva, por lo que despertando y volteando a la entrada vio en ella a una mujer parada viendo hacia adentro, se paro y camino hacia ella, sintiendo un frio sobrenatural a como se acercaba a ella porque veía que era muy alta, estando a unos cinco metros de ella; Hela, volteando hacia Samuel a la vez que levantando despacio su báculo, avanzo en un movimiento rápido quedo a unos centímetros de él, viendo Samuel sus ojos de muerte, totalmente negros; Hela, ladeando ligeramente la cabeza, comenzó a reír, mostrando en vez de dientes una hilera de colmillos dijo: “Samuel, todos ustedes se irán conmigo a la eternidad.” estirando su brazo en un movimiento rápido, se escucho un estruendo. Nieve, tierra y rocas cayeron a causa de un deslave que cubrió la entrada, Samuel, siendo golpeado por una roca murió al quedar la mitad de su cuerpo cubierto de tierra y piedras…

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Addams, desesperado se encontraba al parejo con los soldados moviendo piedras y paleando el lodo, algo en su interior le decía que ahí estaban los habitantes de “HAWK CREEK”, el ver esa figura de reojo, le daba esperanza de encontrarlos, y a la vez desesperación de haber llegado tarde para salvarlos.
Los soldados que había enviado a buscar al jinete misterioso de las bestias en el camino hacia el rancho más lejano, decidieron entrar en el bosque a buscar al jinete, la patrulla desmonto y se adentraron en el bosque, después de unos quince minutos encontraron un cuerpo, boca abajo, con señas de haber muerto por el frío; así que lo envolvieron con una cobija que llevaban y dos de la patrulla se fueron a revisar de nuevo el rancho, ya en la estancia, un lado de la chimenea uno de ellos encontró la trampilla que llevaba al sótano, el cual se encontraba totalmente helado, encontrando el cuerpo de una mujer adulta y tres niños que llevaban tiempo muertos; regresando al pueblo con el cuerpo; las demás patrullas regresaron con noticias iguales, encontraron los cuerpos de los rancheros congelados en lugares que pensaron que eran buenos para protegerse en distintas partes de los ranchos, lo que indicaba que el frío había sobrepasado lo normal.

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Joseph, viéndole ahora mas con miedo por verla flotar así como el ver los ojos negros de esa hermosa joven, agachando la mirada, dio varios pasos hacia atrás horrorizado al ver que de la cintura hacia abajo se encontraba con su vestido manchado en sangre y comenzaba a despedir un olor a putrefacción, ella señalando con el báculo que portaba en su mano izquierda a la vez que hablaba: “voltea y mira por ti mismo”

Joseph, totalmente horrorizado por estarse dando cuenta de la realidad volteando despacio vio  que su cuerpo se encontraba entre los arboles cubriéndose de nieve, volteando hacia Hela, dijo: “no es posible, tengo a mi familia que se encuentra aquí en el rancho, necesito llegar a ellos para que vean que me encuentro bien…”

Hela, poniendo su báculo en el pecho de Joseph, obstruyendo su paso le dijo: “no es posible, ya perteneces al mundo de los muertos… a mi reino, ellos ya han muerto, tienes que venir conmigo al inframundo para que seas juzgado por los actos que has hecho en tu vida”.
“pero tranquilo, a todos ellos los veras pronto, ya que la vida es un segundo en la eternidad del tiempo”.

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En las cuevas, casi anocheciendo por fin pudieron dar con la entrada de la cueva, los soldados comenzaron a escarbar con mas ahincó por saber que estaban cerca de encontrar a los habitantes y no sabían cómo estarían, o si estarían vivos.

Ya entrada la noche pudieron descubrir la entrada y pasar a la galería de la caverna, así que encendiendo mas teas y a la orden de el coronel Addams de “nadie descansa hasta que los encontremos”, comenzaron a entrar a la cueva en donde la temperatura era demasiado baja así como un olor amargo y dulce; un olor a muerte!; comenzó a salir de la cueva, los soldados siguiendo al coronel, iban entrando de uno por uno con las teas en la mano, mientras los demás seguían escarbando en la entrada para remover las toneladas de piedra y lodo que la había sellado hacia ya tres meses, el coronel, tapando su nariz y boca con el paño que traía, haciendo lo mismo los soldados, fue avanzando poco a poco iluminando a su paso el camino con la tea que por la falta de aire nuevo en la cueva amenazaba con apagarse, ya estando a media cueva y rodeado por los soldados, que con sus teas generaban la suficiente luz amarillenta mortecina para ver un poco del espacio en la cueva, de pronto el coronel, dio media vuelta y dando la orden de salir a todos de ahí, en fila fueron saliendo de la cueva sin mediar palabra, al estar afuera, el coronel viendo a sus muchacho totalmente enlodados y cansados por el esfuerzo hecho durante ese día, con lagrimas en los ojos les dijo: “hemos cumplido muchachos, gracias a todos… vamos a darnos un baño y descansar… mañana haremos lo que falta para dar sepultura a los habitantes de “HAWK CREEK”, vayan a por un trago, se lo han ganado.”

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Por la mañana a primera hora, el coronel con todos sus soldados comenzaron a cavar fosas entre el pueblo y el risco, decidieron que le darían sepultura a cada uno de ellos en forma individual, ya teniendo unas 20 fosas dio la orden a la mitad de sus soldados para que fueran trayendo los cuerpos en las camillas que hicieron para ello, y así durante ese día fueron uno a uno sepultados los habitantes de “HAWK CREEK”, en tumbas sin nombre; solo cruces hechas de ramas, para identificar a cada una de ellas.
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Por la tarde, la tétrica tarea había terminado, los soldados, exceptuando a los de guardia se habían retirado a las casas y los locales que usaban para dormir, el coronel, se encontraba en la banca del patio del sheriff, con lagrimas en los ojos, tomando de una botella de whisky, triste de no haber podido salvar a la gente del pueblo que había sido comisionado, un pueblo ahora fantasma…
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Pensando en sus años dentro de la vida militar, nunca había imaginado que a los sesenta años vería una escena tan dantesca; viendo el pueblo desde el que se había vuelto su lugar favorito, y agradeciendo al sheriff por escogerlo ya que todo se veía maravilloso, el pueblo entero y los riscos al fondo, cambiando de tonos a como el sol se ocultaba; ya obscuro, con la luz de la fogata que tenían los soldados a su derecha, y con el whisky ya haciendo efectos en su cabeza, comenzó a tener un dolor en el brazo izquierdo, que le empezó a hormiguear, levantando la vista, vio que del fondo del pueblo, venia despacio una joven con el cabello blanco como la nieve, avanzaba despacio hacia el… cada vez el dolor se volvía más fuerte, sentía que no podía respirar… venia enfundada en un vestido celeste… queriendo respirar, pero el dolor que cada momento aumentaba y pasaba a su pecho… con un báculo en su mano izquierda, avanza hacia el… soltando la botella, mientras cerraba y abría los ojos queriendo poder gritar… la joven llego frente a él… el coronel viendo sus ojos totalmente negros, sin brillo, le escucho decir: “Es el momento Robert, he venido por ti…”

Por la mañana, los soldados que pensaron que el coronel se había emborrachado y quedado dormido en la banca, se dieron cuenta al querer despertarlo que durante la noche había muerto.

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Joseph en el lugar donde se encontraba, solo con Hela, viendo su cuerpo que acababa de morir por el frio en medio de los arboles, voltea a verla y le pregunta:

¿Quién eres tú en realidad, y porque yo?

Hela, mientras flotaba frente a el, dijo con voz calma y entonada:

“Mi nombre es Hela, hija de uno de los siete supremos y reina del inframundo, dama elemental de los muertos… ustedes me conocen por el nombre de MUERTE…”

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:icondanshaggy:

El ultimo muerto de HAWK CREEKby Danshaggy

Agradezco tu amor.

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Siempre he querido agradecer tu amor,
Triste, nunca lo había podido lograr.
Hoy, por fin lo he logrado,
Pedí a la naturaleza su ayuda;
Contestándome que todos los días serán para ti; de mi parte.
Que todas las estrellas,  cuando tu las mires,
Cada una de ellas te hará un guiño, como un parpadeo,
En cada uno, te llegue un te amo, desde hoy y hasta siempre.
He pedido al sol, que al salir;
Su primer rayo de luz, sea un beso y una caricia para ti.
Pedí a la luna que con su luz, me permita admirar tu belleza,
En un halo de luz plata y tenue, resalte mas tu belleza para mi…
Agradezco cada día por tenerte a mi lado,
Y con todos estos cómplices,
Solo me queda decir, te amo.

Madero y la decena Trágica.

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En Mayo de 1911, Francisco Ignacio Madero, en vez de afirmar su posición de jefe de la revolución, tomando el poder, después de la renuncia de Díaz; comenzó una serie de errores que le llevaron a convertirse en mártir de la propia revolución, a tan solo quince meses de tomar el poder como presidente de la república.
Permitiendo que Francisco León de la Barra, ex embajador en Estados unidos y porfirista consumado, tomara interinamente la presidencia, hasta las elecciones de Octubre de 1911.
México vivía un momento inédito en su historia. A diferencia de todos los jefes y caudillos que durante el siglo XIX habían ocupado la silla presidencial por situaciones de facto, Madero sólo gobernaría si su poder era otorgado por el pueblo, en elecciones democráticas; no había recurrido a las armas como opción sino como último recurso; por eso decidió contender en las nuevas elecciones que se celebrarían hasta octubre de 1911. El país entero esperaría los seis meses del interinato antes de saludar a un legítimo presidente constitucional.
El 6 de Noviembre de 1911, terminaban así los seis largos meses del interinato de Francisco León de la Barra, en los cuales este; se esforzó para heredar a Madero una situación política poco menos que crítica. Su mayor éxito fue lograr la ruptura irreconciliable entre Madero y Zapata. Era el viejo sistema que se resistía a morir.


Victoriano Huerta, con la aprobación de Francisco León de la Barra. Todos los días colgaba zapatistas en los arboles del estado de Morelos que había vuelto su centro de caza contra zapatistas y revolucionarios en general, por esto, Emiliano Zapata responsabilizando a Madero por no haberse sentado en la silla, una vez dejada por Díaz. Opto por distanciarse con Madero y su gobierno.

La percepción de Francisco I. Madero, sobre los grandes problemas nacionales era limitada. En su visión, la terrible desigualdad social imperante en el país sería solucionada, simple y llanamente, con la instauración de la democracia y el respeto a la ley. El resto, vendría por añadidura.  No vio o no quiso ver  que los restos políticos del porfirismo intentaban acabar, a toda costa, con su gobierno  y desoyó los consejos de sus colaboradores más cercanos -entre ellos su hermano Gustavo, que desde el inicio recomendaron “barrer” con cualquier vestigio del antiguo régimen y conformar el gabinete con gente de comprobada lealtad.
En los escasos quince meses de gobierno, Madero enfrentó cuatro importantes sublevaciones: la de Emiliano Zapata, Bernardo Reyes, Félix Díaz y Pascual Orozco.
En la cena del 16 de Septiembre de 1912, Madero habló durante un brindis. Su tono sombrío auguraba la catástrofe. En cierto sentido, con sus palabras reconocía el fracaso de la democracia.
“Porque si un gobierno como el mío, que ha cumplido honradamente con sus promesas, que ha hecho todo lo que su inteligencia le alcanza por el bien de la República, que ha llegado al poder por el voto casi unánime de todos los mexicanos, como nunca había sucedido, si un Gobierno así no pudiese subsistir en México, señores, deberíamos decir que el pueblo mexicano no estaba apto para la democracia, que necesitábamos otro nuevo Dictador, que viniese con su sable a acallar todas las ambiciones, y a sofocar todos los esfuerzos que hacen los que no comprenden que la libertad únicamente puede ser fructuosa dentro de la Ley”.
En Enero de 1913, ya con una situación en el país insostenible, puesto que en su sueño de democracia Madero no deja a nadie conforme con sus decisiones; se estaba gestando un “cuartelazo” entre altos mandos militares, escritores, políticos, empresarios y terratenientes, asi como el embajador de Estados Unidos, Henry L. Wilson.
En Febrero de 1913, fueron echados los dados del destino del gobierno de Francisco I. Madero, puesto que lo planeado por traidores, había llegado a fecha.
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Domingo 9 de febrero de 1913.
En la madrugada inició la sublevación contra el gobierno de Francisco I. Madero.
Victoriano Huerta, da la orden a Manuel Mondragon de comandar un escuadrón de cadetes aspirantes del cuartel de Tlalpan con dirección de palacio nacional,  mientras otro grupo sale de Tacubaya  hacia las prisiones de Santiago Tlatelolco, y el Palacio Negro de Lecumberri,  donde los generales Bernardo Reyes y Félix Díaz, fueron liberados respectivamente, de donde estaban recluidos por los hechos de armas que encabezaron en meses pasados: Bernardo Reyes con su Plan de la Soledad, en noviembre de 1911; y Félix Díaz, “el sobrino del tío”, como solía llamársele, con su Plan Felicista, en octubre de 1912. En cuanto salieron tomaron camino a Palacio Nacional.
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Los rebeldes de vanguardia tomaron Palacio Nacional, el general Lauro Villar, fiel al gobierno de Madero, lo retoma de nuevo, Reyes y Díaz, desconocían que estaba sucediendo;  las fuerzas leales a Madero habían puesto bajo su resguardo el recinto. Al llegar, El general Lauro Villar encargado de la defensa salió al encuentro y frente a palacio nacional solicitó tres veces a Reyes que depusiera las armas, por su parte éste intentó convencerlo para que se uniera al movimiento golpista , el general Bernardo Reyes cayó abatido por las balas a las puertas del edificio, en su intento de volver a tomar palacio; sin embargo, el plan continuó y los sublevados intentaron apoderarse de ese recinto una vez más.

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El presidente Madero se encuentra en la residencia de Chapultepec, y cometiendo un nuevo error, no escuchando a su escolta, decide ir a palacio nacional custodiado por jóvenes cadetes del colegio militar,  gendarmes de la capital que habían sido congregados para su defensa por el licenciado Federico González Garza (gobernador del Distrito Federal), acompañado por miembros de su gabinete y amigos, en lo que se denominó “la Marcha de la Lealtad” de camino a palacio nacional, el grupo queda en medio de un tiroteo, y se refugia junto con Huerta en el negocio de “Fotografía Daguerre” que se encontraba en la calle de La Puente de San Francisco (hoy av. Juárez, exactamente frente a Bellas Artes).

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El general Lauro Villar, Comandante Militar de la plaza de la ciudad de México, resultó herido en las primeras acciones, y Madero, comete un error más al sustituirlo  por indicación del ministro de guerra con el general Victoriano Huerta.  Esa misma tarde el mandatario salió hacia Cuernavaca Morelos, a conferenciar con el general Felipe Ángeles, el militar en quien más confiaba.

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Después de este primer fracaso, las fuerzas rebeldes se desbandaron. A pesar de contar con superioridad numérica, Díaz y Mondragón decidieron refugiarse en la antigua fábrica de nombre “La Ciudadela”.  El edificio, que funcionaba como depósito de armas y municiones, se encontraba resguardado por los generales Rafael Dávila y Manuel P. Villareal. Fue tomado a traición a las 11:30 a. m, tras un corto intercambio de disparos, Villareal fue herido y rematado por la espalda. De esta forma los golpistas tuvieron a su disposición 27 cañones, 8500 rifles, 100 ametralladoras, 5000 obuses y veinte millones de cartuchos.

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Lunes 10 de Febrero de 1913.
En la mañana   Madero y Ángeles llegaron a la capital por el rumbo de Xochimilco y Tepepan, fueron recibidos por el ministro de Guerra Ángel García Peña. A pesar de la insistencia del presidente para nombrar a Ángeles como jefe de la plaza, el ministro ignoró la petición y decidió respetar el escalafón militar manteniendo a Huerta en el mando.

En el Transcurso de la mañana, el general Victoriano Huerta se había reunido en secreto con los rebeldes, realizando esta reunión en una casa de la colonia Roma, y una más en el centro; donde cambiando los planes originales de la rebelión llamada “el cuartelazo”, pactan un acuerdo, V. Huerta no atacara la Ciudadela con todo lo que hay en la capital, a cambio de que al caer el gobierno de Madero ser reconocido como presidente de la república, a lo que Manuel Mondragón y Félix Díaz aceptan.
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Un consejo militar presidido por Huerta se llevó a cabo para estructurar un plan de ataque que consistiría en un ataque frontal a La Ciudadela conformado por cuatro columnas que dirigidas por Felipe Ángeles, Gustavo Mass, Eduardo Cauz y José María Delgado siendo respaldadas por la artillería de Rubio Navarrete. Mientras las fuerzas leales se reagruparon, las fuerzas rebeldes tuvieron tiempo para reorganizarse y tomar posiciones en torno a La Ciudadela.
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Martes 11 de Febrero de 1913.
Por media mañana, comenzaron los combates sobre la Ciudadela tomada por los rebeldes, las cuatro columnas fueron atacando sin hacer mucha mella puesto que los golpistas tenían las ametralladoras apostadas en el techo del edificio y edificios contiguos lo que les dio cierta ventaja, Victoriano Huerta proporciono a el general Felipe Ángeles obuses de metralla los que fueron inútiles ante la ciudadela; pero según algunos testigos visuales “solo tontos podían creer que tomarían el lugar a caballo y caminando de frente a las ametralladoras”, entre otros daños, el reloj que regalo el gobierno chino a México por el centenario de la independencia que se encontraba en  la glorieta de Bucareli fue destrozado en su totalidad.

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En las calles quedaron cientos de cadáveres de ambas partes, se cuenta que más de 850, y cientos de heridos.
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Por la tarde, el general Victoriano Huerta se reunió de nuevo con Félix Díaz, con quien acordó simular el cerco de los golpistas en la ciudadela, y aprovechar para que les llegaran suministros del exterior, y tratar de causar el menor número de bajas entre sus seguidores; esta reunión se cuenta que se realizo en la colonia Roma, y otros que fue en la parte superior del restaurante el Globo.
Por la tarde, Madero fue notificado del fracaso de la incursión y de la entrada de víveres, Huerta, negando los hechos y después de ser confrontado con los testigos y componiendo su porte, dijo a Madero que se trataba de una estrategia para tener a todos los rebeldes juntos y de esa forma terminar rápido con ellos.
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Aun con las dudas Francisco I. Madero, cometiendo un error más confirma a Huerta en el puesto. Por la noche la calma volvió a la ciudad parando casi en su totalidad los disparos de ambos lados.

Miércoles 12 de Febrero de 1913.
Continuó el enfrentamiento armado en la ciudad de México; los cañonazos entre Palacio Nacional y el edificio de la Ciudadela provocaron graves daños en los edificios de los alrededores, así como muchos muertos y heridos.

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Por decisión propia, el embajador Wilson, junto con sus colegas de Alemania y España, “visitó” al presidente en Palacio Nacional para pedir el cese de hostilidades.  Las visitas y demandas al presidente, según Wilson, eran de carácter “meramente humanitario”.
Más tarde los diplomáticos fueron a ver a Félix Díaz a la Ciudadela, y wilson le informo que: su presidente, “se sentía profundamente muy aprensivo por el resultado de este estado de cosas en México; que se habían enviado barcos tanto a puertos del Golfo como del Pacífico, y transportes con marinos, que si se hacía necesario serían desembarcados y traídos a la ciudad con el fin solamente de mantener el orden y dar protección a las propiedades y vidas de los extranjeros.” Nuevamente, la “labor humanitaria”.
Díaz respondió, según Wilson, que él mantenía a sus hombres controlados y que el mayor daño no era provocado por los cañones de la Ciudadela, sino por los que disparaban desde Palacio Nacional, y que él creía que “el gobierno, conocedor profundo de su impopularidad, se sometería a los sentimientos de la nación y no forzaría una lucha sangrienta en el corazón de la ciudad”.

Jueves 13 de Febrero de 1913.
El fuego de artillería no ceso en casi toda la noche de ambos bandos hubo daños considerables, y temprano ese dia se recrudeció el bombardeo mutuo.

Un cañonazo de la ciudadela destrozo la puerta mariana del palacio nacional.

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Los cuerpos de soldados, golpistas y civiles eran tantos que se hicieron hogueras con los cuerpos quemándolos tanto en el zócalo como en las calles aledañas, llenando el aire de la capital con el olor de pólvora, maderos y cuerpos quemados.

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El embajador estadounidense Henry L. Wilson, envió informes alarmistas y exagerados de lo que acontecía al presidente de su país, William H. Taft, con la intención de promover una intervención.

Mediante una visita de Enrique Cepeda a la embajada, se concertó una entrevista entre el embajador, Félix Díaz y Victoriano Huerta para trazar el plan que eliminaría a Madero.

Viernes 14 de Febrero de 1913.
Llegaron a la capital las tropas de Oaxaca, por otra parte el general Aureliano Blanquet, que se encontraba en Toluca combatiendo al zapatismo, llegó a la periferia de la Ciudad de México y permaneció en los llanos de Tlaxpana por órdenes de Huerta.

Aunque los sublevados estaban sitiados, haciendo obvio que el levantamiento había fracasado, el objetivo de todo esto era hacer sentir incertidumbre entre la población, así como temor de una posible intervención estadounidense, para justificar un golpe de Estado en aras de alcanzar la paz, que en apariencia, el gobierno de Madero no lograba conseguir.
Madero volvió a instar a V. Huerta que atacara la Ciudadela, pero sus ataques nuevamente fracasaron. Huerta nuevamente mintió a Madero argumentando falta de fusiles y de hombres.
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Enterado de los rumores de una posible intervención estadounidense, Madero envió un telegrama a su homólogo William H. Taft en el que decía estar informado de un posible desembarco de tropas estadounidenses en costas mexicanas con la intención de salvaguardar los bienes y la vida de sus connacionales que residían en México. Le solicitó evitar esta acción para no empeorar la situación prometiendo salvaguardar en la medida de lo posible la vida de sus compatriotas.   “Indudablemente los informes que usted tiene y que le han movido a tomar tal determinación son inexactos y exagerados…”, le decía Madero a Taft.

Sábado 15 de Febrero de 1913.
Parte del cuerpo diplomático europeo —compuesto por el contralmirante Paul von Hintze de Alemania, Francis W. Stronge de Inglaterra, asi como Henry L. Wilson, de Estados Unidos y Bernardo Cólogan, este último, ministro de España en México, piden a Francisco I. Madero, que firmara la renuncia a la presidencia para lograr la paz en la ciudad, a lo que el presidente les contesto: “los extranjeros no tienen derecho a injerirse en la política mexicana”.

El ministro de Relaciones, Pedro Lascuráin y un grupo de veinticuatro senadores de oposición se reunieron para pedir a Madero su renuncia, se presentaron en Palacio Nacional para hablar con el primer mandatario, quien se resistía a recibirlos, estos lograron que recibiera a el senador Gumersindo Enríquez quien, en nombre de los 25 referidos, comunicó el acuerdo al que llegaron de “suplicar al señor Presidente, al señor Vicepresidente y al gabinete que renuncien a su alta investidura en aras de la patria, a impulso del más sublime patriotismo, ya que sin ese paso de elevadísima abnegación no hay esperanza de paz… y se acordó también que todos los presentes viniéramos en masa a comunicar al señor presidente tal solicitud…”
Más tarde, Huerta designó al general Aureliano Blanquet para resguardar el Palacio Nacional.
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Domingo 16 de Febrero de 1913.
Por la madrugada se firma un armisticio por 24 horas, La ciudadanía salió a las calles para proveerse de alimentos, algunas familias que habían permanecido en las zonas de peligro abandonaron sus casas hacia sitios más seguros. En el transcurso de la mañana un grupo de carros violaron el armisticio al penetrar en La Ciudadela para entregar provisiones a los rebeldes, quienes además realizaron avances en la periferia de La Ciudadela para instalar sus ametralladoras. A las 2:00 p. m. el fuego se reinició.
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Cuando Madero por segunda ocasión reclamó a Huerta la inefectividad de los ataques y la violación al armisticio, el general argumentó que todo formaba parte de su estrategia para concentrar a los rebeldes y aniquilarlos.
El coronel Rubén Morales, asistente de Madero, planeó un ataque nocturno pero Huerta lo impidió.
El secretario particular de Madero, Juan Sánchez Azcona sorprendió a Huerta entrevistándose con Alberto García Grandados y Enrique Cepeda, ambos simpatizantes de los golpistas.
Alberto J. Pani, amigo y colaborador del presidente en su informe diario le comunico de la posibilidad de un acuerdo de los sitiadores y los sitiados.
A pesar de las advertencias de la patente deslealtad de Huerta, Madero continuó confiando en él.

Lunes 17 de Febrero de 1913.
Por la mañana temprano, el presidente Madero recibia un telegrama de su homologo Estadounidense Taft.  Quien indicó a Madero que sus informes eran inexactos explicando que las fuerzas navales estadounidenses se encontraban tan solo en una posición de precaución natural y que no existía ninguna orden de desembarco, no obstante se encontraba al tanto de lo que ocurría en México a través de las noticias del embajador Henry Lane Wilson.

El general Huerta se reunió con el general Aureliano Blanquet; más tarde un grupo de soldados del 29º Batallón, bajo las órdenes de este último, relevó a los guardias de Palacio Nacional, donde se encontraban Madero y Pino Suárez.
Poco más tarde, Gustavo A. Madero y Jesús Urueta descubrieron que Huerta, en lugar de combatir a los rebeldes, estaba efectivamente en tratos con Félix Díaz y sus tropas.
Gustavo con pistola en mano detuvo a Huerta y lo llevó ante Madero.  Frente al presidente, Huerta negó ser partícipe de la conspiración y se comprometió a capturar a los rebeldes en 24 horas.
Madero, sin tomar en cuenta que Huerta había tenido relaciones con Díaz y Reyes en la época del porfiriato, ni  los rumores de que intentarían derribar al gobierno, Madero lo liberó y le concedió las 24 horas que solicitó para comprobar su lealtad.
Henry Lane Wilson visitó La Ciudadela para continuar su labor de mediación entre Huerta y Díaz.
Por la noche, Alfredo Robles Domínguez, antiguo militante del gobierno que se había distanciado del presidente, visitó Palacio Nacional para dar parte de la confabulación de Huerta con Félix Díaz. Madero refutó el informe.

Martes 18 de Febrero de 1913.
Temprano, el general Victoriano Huerta dio la orden a el general  Aureliano Blanquet para que llevara a cabo la detención de Francisco I. Madero, y de Jose M. Pino Suarez, “los Presidentes” como eran llamados.

 
Mientras tanto Enrique Cepeda se entrevistó con el embajador Henry L. Wilson para informarle lo ocurrido en Palacio y en el restaurante Gambrinus. El embajador había notificado al presidente Taft y al Departamento de Estado de Estados Unidos que los rebeldes habían aprehendido a Madero y Pino Suárez una hora y media antes de que estos hechos ocurriesen.

El general Blanquet, irrumpió en una reunión que celebraba el presidente. Durante los momentos de forcejeo y confusión se intercambiaron disparos. Marcos Hernández cayó muerto al interponer su cuerpo para salvar la vida al presidente. El capitán Gustavo Garmendia disparó su arma matando al coronel Riveroll y al mayor Izquierdo. Cepeda fue herido pero logró escapar. Acto seguido el presidente y una pequeña comitiva bajaron las escaleras para hablar con el resto de la tropa en el patio, fue entonces cuando el general Aureliano Blanquet, personalmente, lo hizo prisionero. A pesar del reclamo de Madero, quien lo llamó traidor, la detención de Madero y Pino Suárez se llevó a cabo.
En el restaurante Gambrinus, a la 1:50 p. m., Gustavo A. Madero, quien se había reunido con el general Huerta, fue sorpresivamente aprehendido por veinticinco guardabosques. Una vez que Huerta confirmó  el éxito de las acciones perpetradas en Palacio, convocó al general Felipe Ángeles para darle órdenes. Una vez que éste se reportó, Huerta le ofreció asumir la dirección del Colegio Militar o acompañar a Madero al exilio a Cuba para luego regresar y dirigir la institución. Ángeles se inclinó por la segunda opción, no obstante fue hecho prisionero por Blanquet.
El embajador Henry Lane Wilson, quien les transmitía a los demás ministros extranjeros, el comunicado del general Victoriano Huerta: “El presidente de la República y sus ministros los tengo en mi poder, en el Palacio Nacional, en calidad de presos.” Huerta explicaba las razones que lo movieron a llevar a cabo dicha aprehensión: el patriotismo, decía… “este acto mío ruego a S. E. se sirva interpretarlo en la forma que respetuosamente le suplico. No tiende más que a asegurar la paz en la República y a asegurar los intereses de sus hijos y los de las diversas colonias extranjeras que tantos beneficios nos han proporcionado”. Además de exponer sus motivos, Huerta aprovechaba para pedirle al estadounidense que, por favor, les avisara a los rebeldes de la Ciudadela lo que sucedía, lo cual “sería un nuevo motivo de agradecimiento del pueblo de toda la República hacia usted y hacia el siempre glorioso pueblo americano.”
A las 9:30 p.m. Henry Lane Wilson convocó a parte del cuerpo diplomático y recibió en la embajada de los Estados Unidos a los golpistas. Por una parte llegó Victoriano Huerta acompañado de Enrique Cepeda y el general Joaquín Maas Flores, y por otro Félix Díaz acompañado del general Fidencio Hernández y Rodolfo Reyes. Fue este último el encargado de redactar el Pacto de la Embajada, que se dio a conocer de manera oficial como Pacto de La Ciudadela, el cual establecía desconocer al gobierno de Madero y Pino Suárez y establecer un gobierno provisional al mando de Victoriano Huerta con un gabinete conformado por reyistas y felicistas. Félix Díaz declinó formar parte del gabinete para prepararse con su partido con miras a la futura elección presidencial, la cual, hipotéticamente, lo favorecería.  A partir de ese momento se dieron por terminadas las acciones bélicas.
Los padres de Madero, sus hermanas solteras, y su esposa, Sara Pérez Romero, pidieron asilo en la embajada japonesa, lugar en donde pasaron esa noche.

Miercoles 19 de Febrero de 1913.
Al calor de la borrachera por el festejo del triunfo de los golpistas, los soldados exigieron a Félix Díaz la entrega de los hermanos Madero, y F. Diaz exigiendo lo mismo  a V. Huerta.

Huerta se opuso, pues necesitaba la renuncia oficial del presidente para dar legalidad a la usurpación, a cambio, les entregó a Gustavo A. Madero y a Adolfo Bassó.
Ante la presencia de Mondragón, quien, en venganza por las muertes de Reyes y Ruiz, ordenó su muerte.
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Gustavo fue cruelmente martirizado. En las afueras de La Ciudadela le arrancaron el único ojo que tenía dejándolo ciego, lo patearon, lo humillaron, lo golpearon continuamente, un capitán le disparó, aún muerto su cuerpo fue mutilado y los soldados le siguieron disparando. Le extrajeron el ojo postizo, su cadáver fue quemado, tenía treinta y siete heridas de bala. Acto seguido, Adolfo Bassó fue fusilado, él mismo dio las órdenes al pelotón de fusilamiento.
A mediodía, los embajadores de Cuba y España recibieron instrucciones específicas para no reconocer al nuevo gobierno.
El embajador Manuel Márquez Sterling, preocupado por las vidas de Madero y Pino Suárez, les ofreció asilo político en La Habana, su gobierno había dispuesto el crucero Cuba en Veracruz para tal fin. Huerta aseguró que respetaría sus vidas si firmaban sus renuncias y aceptaban el ofrecimiento cubano.
Poco después, una comisión de diputados se presentó ante Francisco I. Madero y Pino Suárez para solicitar sus renuncias con los mismos términos. Bajo estas garantías y condiciones firmaron sus renuncias que fueron escritas escuetamente asi:
Ciudadanos Secretarios de la Honorable Cámara de Diputados:

En vista de los acontecimientos que se han desarrollado de ayer acá, en la Nación, y para mayor tranquilidad de ella, hacemos formal renuncia de nuestros cargos de Presidente y Vicepresidente, respectivamente, para los que fuimos elegidos. Protestamos lo necesario.

México, 19 de febrero de 1913. Francisco I. Madero, José María Pino Suárez.

Pedro Lascuráin presentó las renuncias ante el Congreso que se encontraba reunido en sesión extraordinaria, para conseguir el quórum necesario se requirió la presencia de varios diputados suplentes. El documento fue sometido a votación. Se aprobó la renuncia de Pino Suárez con 119 votos a favor.

La renuncia de Madero fue aprobada con 123 votos a favor.
De acuerdo con la Constitución, Pedro Lascuráin asumió la presidencia interina de la República, su única gestión fue nombrar a Victoriano Huerta como secretario de Gobernación, aprobado el trámite, renunció a su cargo. Su mandato duró 45 minutos, ha sido el más corto de la historia de México, de esta forma se cubrió con un manto de legalidad el golpe de Estado.

Jueves 20 de Febrero de 1913.
Desde su aprehensión, Madero y Pino Suárez permanecieron en el Palacio Nacional, esperando en vano un tren que los conduciría al puerto de Veracruz, de donde se embarcarían a Cuba a su exilio.

Sarita, como se conocía a la esposa de Madero, tenía protección de la delegación japonesa.
Por la tarde se entrevistó con el embajador estadounidense para abogar por la vida de su esposo. El embajador le comentó que él le había advertido a Madero mucho tiempo atrás que eso pasaría y que ahora pagaba las consecuencias de su mal gobierno. Al final dijo a Sara “que no se preocupara, que no le pasaría nada a Madero”.
Ese mismo día, cuando el diputado Luis Manuel Rojas, correligionario masón de Wilson, le pidió interceder por la vida del ex presidente, el embajador se negó respondiendo “que estaba seguro que Madero se levantaría en armas nuevamente, ensangrentando y perjudicando seriamente al país”
Venustiano Carranza envió una circular a los gobernadores de algunos estados del norte para darles a conocer su posición con respecto a la situación política en el país, y convocándolos a alistarse para defender la legalidad.

Viernes 21 de Febrero de 1913.
De nada sirvieron las gestiones de sus familiares, amigos y de los ministros de Cuba, Chile y Japón ante Wilson para que hiciera valer la influencia que tenía sobre Huerta, ya que el embajador les respondió que él, “como diplomático, no podía interferir en los asuntos internos de México”

El gabinete de Huerta,  consideró la peligrosidad de enviarlos a Veracruz, pues en dicho estado las tropas y la marina no reconocerían a Huerta hasta que el Senado reconociera al nuevo gobierno.
Por la noche, Madero recibió la visita de su madre, Mercedes González Treviño, quien le notificó lo que había pasado con Gustavo, la noticia lo trastornó, pasó la noche llorando en silencio su muerte.
El cuerpo diplomático reconoció a Huerta como presidente interino.

Sábado 22 de Febrero de 1913.
Félix Díaz, Manuel Mondragón, Aureliano Blanquet y Victoriano Huerta, coordinaron las acciones para deshacerse de Madero y Pino Suárez.

Alrededor de las 6:00 p. m. el mayor de rurales, Francisco Cárdenas fue llamado a presentarse a los salones de la Presidencia. Se entrevistó con el general Blanquet, quien le comentó que el país lo necesitaba para un gran servicio.
A continuación fue presentado al ministro de Guerra, Manuel Mondragón quien le explicó que la misión consistía en matar a Madero y Pino Suárez fingiendo un asalto. Cárdenas aceptó, pero solicitó escuchar la confirmación por parte de Huerta.
Huerta, viéndole fijamente le dijo: “la resolución, por el bien de la patria, había sido consensuada por el consejo de ministros”.
De acuerdo con Márquez Sterling, a las 10:00 p. m. de esa noche se habían acostado Madero, Pino Suárez y Ángeles. Veinte minutos más tarde los despertaron con la noticia de que serían trasladados, Madero preguntó al guardia por qué no se les había informado antes para estar vestidos. El coronel Joaquín Chicarro, encargado de la custodia de los prisioneros, les notificó que serían llevados a la Penitenciaría de Lecumberri.
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El general Ángeles se incorporó preguntando si él sería trasladado, a lo cual Cárdenas contestó: “No, general, usted se queda aquí. Es la orden que tenemos”. El ex presidente y el ex vicepresidente fueron bajados al patio del Palacio donde dos vehículos les esperaban.
Uno de ellos, en el que viajó Madero, era un Peerless reformado como un Packard, fue rentado por Ignacio de la Torre y Mier y conducido por Ricardo Hernández; el otro, en el que viajó Pino Suárez, era un Protos propiedad de Alberto Murphy y fue conducido por Ricardo Romero.
La pequeña escolta militar estuvo conformada por Francisco Cárdenas, Rafael Pimienta, Francisco Ugalde y Agustín Figueres. Cecilió Ocón llamó por teléfono al director de la penitenciaria, Luis Ballesteros, para avisarle que la caravana ya había salido.
Al momento de llegar a Lecumberri los automóviles pasaron de largo la entrada principal y se desviaron hacia el extremo más apartado de la penitenciaría, Francisco Cárdenas, el hombre encargado de asesinar a Madero, le ordenó: “Baje usted, carajo” y ante la negativa de éste le disparó en la cabeza, muriendo en el asiento del coche.
Por su parte, Pino Suárez intentó huir pero fue herido por Rafael Pimienta. Fue rematado en el suelo, su cuerpo registró trece impactos de bala. Acto seguido los militares, para simular el asalto, dispararon contra los vehículos y limpiaron las manchas de sangre que había en el interior de los automóviles.
Poco después de la media noche, Cárdenas se reportó en Palacio para rendir su informe al general Victoriano Huerta, éste se encontraba en medio de una conferencia de prensa notificando que una multitud iracunda había asaltado a la escolta que custodiaba y conducía a Madero y Pino Suárez a la penitenciaria. Huerta, Mondragón y De la Barra informaron a la prensa que se realizaría una investigación para esclarecer los hechos. Una vez hecha esta declaración, Mondragón pagó a los asesinos la cantidad de dieciocho mil pesos.
 
Domingo 23 de Febrero de 1913.
El diputado Luis Manuel Rojas, convencido de la participación del embajador estadounidense en el golpe de Estado, leyó un discurso ante el pleno de la Cámara:
y o acuso a míster Henry Lane Wilson, embajador de los Estados Unidos en México, ante el honorable criterio del gran pueblo americano, como responsable moral de la muerte de los señores Francisco I. Madero y José María Pino Suárez, que fueron electos por el pueblo, presidente y vicepresidente de la República mexicana, en 1911 […]
Yo acuso al embajador Wilson de haber mostrado parcialidad en favor de la reacción, desde la primera vez que don Félix Díaz se levantó en armas en Veracruz […]
Yo acuso al embajador Wilson de que por un resentimiento personal hacia el presidente Madero, de que dio pruebas claras en algunas ocasiones, no ha hecho uso de su gran poder moral ante los hombres del nuevo orden de cosas, en ayuda de los prisioneros […]
Yo acuso al embajador Wilson de haberse inmiscuido personalmente en la política de México, habiendo contribuido de manera poderosa a la caída de los gobiernos del presidente Díaz y del presidente Madero. Al contestar una comunicación del general Huerta, le aconsejó que se hiciera autorizar por el Congreso de la Unión para legalizar el nuevo orden de cosas […]
Yo acuso al embajador Wilson de que ni por un natural sentimiento de humanidad se le ocurrió en el último extremo, amparar a los prisioneros bajo la bandera americana, a pretexto de que no quería cargar con la responsabilidad de lo que después hicieran los señores Madero y Pino Suárez […]
Luis Manuel Rojas, 23 de febrero de 1913.
Después, el Yo acuso de Rojas fue publicado, la tesis de confabulación fue secundada por el periodista Norman Hapgood.
Victoriano Huerta se apresuró a defender a Lane Wilson argumentado que las muertes de Madero y Pino Suárez se habían debido a la imprudencia de sus partidarios.
El secretario de Gobernación, Alberto García Granados, aseguró que Rojas sería desaforado para responder y probar sus acusaciones. En el mes de marzo.
El recién nombrado presidente estadounidense Woodrow Wilson destituyó a Henry Lane Wilson de su cargo. El ex embajador se retiró a Nuevo México fracasando en sus intentos para que el gobierno de los Estados Unidos reconociese al gobierno de Huerta.

Jueves 27 de Febrero de 1913.
Pascual Orozco reconoció al gobierno de Huerta, unió sus fuerzas al nuevo régimen e intentó convencer a Emiliano Zapata, por medio de su padre, de hacer lo mismo ofreciéndole el puesto de gobernador del Estado de Morelos.

El caudillo se negó de manera rotunda, catalogó las acciones del nuevo gobierno como un “espectáculo lúgubre”, afirmó que él no había hecho una revolución para “asaltar puestos públicos”, consideró a Orozco un traidor y en respuesta a su petición, mandó fusilar a su padre. El 30 de mayo, Zapata modificó el Plan de Ayala.

Miércoles 26 de Marzo de 1913.
El gobernador del estado de Coahuila, Venustiano Carranza, proclamó el Plan de Guadalupe, por medio del cual se desconoció al gobierno golpista de Victoriano Huerta.

Mediante este pronunciamiento Carranza se auto nombró primer jefe del Ejército Constitucionalista, el movimiento armado para derrocar a Huerta se extendió rápidamente a los estados de Sonora, Chihuahua, Durango y Coahuila. Se unieron a este movimiento Pablo González, Álvaro Obregón y Francisco Villa.
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Lunes 25 de Agosto de 1913.
Nueve diputados de la XXVI Legislatura, publicaron un manifiesto en el campo revolucionario carrancista:
El cuartelazo de La Ciudadela no fue una revolución sino una asonada militar, aseguran, y nunca en la historia del mundo, los cuartelazos han llevado en sus bayonetas envenenadas de odios y despechos la voz de todo un pueblo. Los señores secretarios de Estado que opinaron por la renuncia no obraron patrióticamente […] Los señores diplomáticos que se permitieron insinuar al presidente constitucional de la República mexicana que debía renunciar a su cargo, cometieron un acto de osadía, pleno de ignorancia y falta de respeto. Ninguna ley de Derecho Internacional Público, ninguna práctica diplomática, autorizan a un ministro extranjero a inmiscuirse en los asuntos políticos esencialmente internos del país cerca del cual están acreditados […] Y principalmente algunos de los señores senadores del Congreso de la Unión, sin ningún apoyo constitucional y solamente guiados por una perversidad sutil hija del miedo y de la conveniencia personal, aconsejaron la traición y fueron el sostén político del atentado Huerta-Díaz […] Estos antecedentes, acentúan los redactores del manifiesto, fueron la causa determinante de los crímenes que Huerta tenía premeditados y resueltos desde que fue nombrado, por el propio señor Madero, jefe de la División del Norte.

Cierre del asesinato:
El Tribunal Militar dictaminó que las muertes, habían sido responsabilidad de tres desconocidos, que a su vez habían muerto al intentar liberar a Madero y Pino Suárez.
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“Sufragio efectivo, no reelección”
“Al conquistar nuestras libertades, hemos conquistado una nueva arma; esa arma es el voto”.

Francisco Ygnacio Madero.

El cielo es el limite.

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Estándar

Varias veces me has preguntado esto,

Y hoy, te contestare:

Por qué te amo?

Te amo

Por ser el ser que eres,

Te amo,

Porque he encontrado

Mi complemento en ti,

Porque te llevo siempre en mi mente.

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Te amo porque:

Haces que salga mucho

de lo poco bueno que tengo

Te amo

Porque no encuentro otra razón

Para decirte

Lo importante que eres en mi vida.

Te amo

Porque mi razón es así

y porque las palabras sobran

Al decir lo que el corazón manda.

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Dicen que el cielo es el límite,

Hasta que lo toquemos

Sabremos que

Aun ahí, podremos amarnos mas.

Y al final de cuentas…

Te amo,

Porque lo digo yo…

Tsunami de amor.

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Estándar

Desde el primer dia que me cruce contigo,

Decidí llegar a tu vida,

Quiero que entiendas lo que siento por ti.

Porque yo soy la piedra

Que en un efecto mariposa,

Siendo lanzada al mar desde mi lugar,

Genera ondas cada vez más grandes

Hasta llegar a tu lejano lugar,

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Y aunque tú,

Al ver lo que hago

Lances piedras de desdén

Para detener mi efecto en el mar

Para que mi amor no te alcance

No te  será suficiente.

Porque mi amor llegara a ti…

Llegará como un tsunami,

Y ola tras ola inundara tu corazón

Para llenarlo con mi amor.

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Y en tu recuento de daños,

Solo veras lo que mi amor

Reparando el tuyo

Hace por ti,

En este tsunami de amor.

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Brindis por la Memoria (Editado)

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Hoy, reunidos aquí; Levantemos las copas…!

Brindemos por los que en el tiempo hemos perdido…!

Por quienes en el tiempo,  se han vuelto ausentes…

 

Que este vino nuevo, servido en copas viejas,

nos lleve a la memoria de los que ya no están,

y que su memoria reviva en el tiempo; que infame,

nos borra sus rostros de nuestra mente…

 

pero sus actos y su corazón siempre presentes en el nuestro están…

Hoy, con las copas en alto y con ellos entre nosotros…

Saludemos a los viejos amigos… a los seres amados…

que sin estar presentes, entre nosotros están…

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Salud…!

Por quienes nos arropan en espíritu…

Salud!…

Por quienes nos esperan en el sueño eterno…

Salud…!

Por los hermanos y hermanas que nos congratulan en pensamiento.

 

Que este vino nuevo.

traiga los viejos recuerdos de los buenos tiempos…

Por ellos…

por nosotros…

Salud…