Madero y la decena Trágica.

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En Mayo de 1911, Francisco Ignacio Madero, en vez de afirmar su posición de jefe de la revolución, tomando el poder, después de la renuncia de Díaz; comenzó una serie de errores que le llevaron a convertirse en mártir de la propia revolución, a tan solo quince meses de tomar el poder como presidente de la república.
Permitiendo que Francisco León de la Barra, ex embajador en Estados unidos y porfirista consumado, tomara interinamente la presidencia, hasta las elecciones de Octubre de 1911.
México vivía un momento inédito en su historia. A diferencia de todos los jefes y caudillos que durante el siglo XIX habían ocupado la silla presidencial por situaciones de facto, Madero sólo gobernaría si su poder era otorgado por el pueblo, en elecciones democráticas; no había recurrido a las armas como opción sino como último recurso; por eso decidió contender en las nuevas elecciones que se celebrarían hasta octubre de 1911. El país entero esperaría los seis meses del interinato antes de saludar a un legítimo presidente constitucional.
El 6 de Noviembre de 1911, terminaban así los seis largos meses del interinato de Francisco León de la Barra, en los cuales este; se esforzó para heredar a Madero una situación política poco menos que crítica. Su mayor éxito fue lograr la ruptura irreconciliable entre Madero y Zapata. Era el viejo sistema que se resistía a morir.


Victoriano Huerta, con la aprobación de Francisco León de la Barra. Todos los días colgaba zapatistas en los arboles del estado de Morelos que había vuelto su centro de caza contra zapatistas y revolucionarios en general, por esto, Emiliano Zapata responsabilizando a Madero por no haberse sentado en la silla, una vez dejada por Díaz. Opto por distanciarse con Madero y su gobierno.

La percepción de Francisco I. Madero, sobre los grandes problemas nacionales era limitada. En su visión, la terrible desigualdad social imperante en el país sería solucionada, simple y llanamente, con la instauración de la democracia y el respeto a la ley. El resto, vendría por añadidura.  No vio o no quiso ver  que los restos políticos del porfirismo intentaban acabar, a toda costa, con su gobierno  y desoyó los consejos de sus colaboradores más cercanos -entre ellos su hermano Gustavo, que desde el inicio recomendaron “barrer” con cualquier vestigio del antiguo régimen y conformar el gabinete con gente de comprobada lealtad.
En los escasos quince meses de gobierno, Madero enfrentó cuatro importantes sublevaciones: la de Emiliano Zapata, Bernardo Reyes, Félix Díaz y Pascual Orozco.
En la cena del 16 de Septiembre de 1912, Madero habló durante un brindis. Su tono sombrío auguraba la catástrofe. En cierto sentido, con sus palabras reconocía el fracaso de la democracia.
“Porque si un gobierno como el mío, que ha cumplido honradamente con sus promesas, que ha hecho todo lo que su inteligencia le alcanza por el bien de la República, que ha llegado al poder por el voto casi unánime de todos los mexicanos, como nunca había sucedido, si un Gobierno así no pudiese subsistir en México, señores, deberíamos decir que el pueblo mexicano no estaba apto para la democracia, que necesitábamos otro nuevo Dictador, que viniese con su sable a acallar todas las ambiciones, y a sofocar todos los esfuerzos que hacen los que no comprenden que la libertad únicamente puede ser fructuosa dentro de la Ley”.
En Enero de 1913, ya con una situación en el país insostenible, puesto que en su sueño de democracia Madero no deja a nadie conforme con sus decisiones; se estaba gestando un “cuartelazo” entre altos mandos militares, escritores, políticos, empresarios y terratenientes, asi como el embajador de Estados Unidos, Henry L. Wilson.
En Febrero de 1913, fueron echados los dados del destino del gobierno de Francisco I. Madero, puesto que lo planeado por traidores, había llegado a fecha.
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Domingo 9 de febrero de 1913.
En la madrugada inició la sublevación contra el gobierno de Francisco I. Madero.
Victoriano Huerta, da la orden a Manuel Mondragon de comandar un escuadrón de cadetes aspirantes del cuartel de Tlalpan con dirección de palacio nacional,  mientras otro grupo sale de Tacubaya  hacia las prisiones de Santiago Tlatelolco, y el Palacio Negro de Lecumberri,  donde los generales Bernardo Reyes y Félix Díaz, fueron liberados respectivamente, de donde estaban recluidos por los hechos de armas que encabezaron en meses pasados: Bernardo Reyes con su Plan de la Soledad, en noviembre de 1911; y Félix Díaz, “el sobrino del tío”, como solía llamársele, con su Plan Felicista, en octubre de 1912. En cuanto salieron tomaron camino a Palacio Nacional.
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Los rebeldes de vanguardia tomaron Palacio Nacional, el general Lauro Villar, fiel al gobierno de Madero, lo retoma de nuevo, Reyes y Díaz, desconocían que estaba sucediendo;  las fuerzas leales a Madero habían puesto bajo su resguardo el recinto. Al llegar, El general Lauro Villar encargado de la defensa salió al encuentro y frente a palacio nacional solicitó tres veces a Reyes que depusiera las armas, por su parte éste intentó convencerlo para que se uniera al movimiento golpista , el general Bernardo Reyes cayó abatido por las balas a las puertas del edificio, en su intento de volver a tomar palacio; sin embargo, el plan continuó y los sublevados intentaron apoderarse de ese recinto una vez más.

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El presidente Madero se encuentra en la residencia de Chapultepec, y cometiendo un nuevo error, no escuchando a su escolta, decide ir a palacio nacional custodiado por jóvenes cadetes del colegio militar,  gendarmes de la capital que habían sido congregados para su defensa por el licenciado Federico González Garza (gobernador del Distrito Federal), acompañado por miembros de su gabinete y amigos, en lo que se denominó “la Marcha de la Lealtad” de camino a palacio nacional, el grupo queda en medio de un tiroteo, y se refugia junto con Huerta en el negocio de “Fotografía Daguerre” que se encontraba en la calle de La Puente de San Francisco (hoy av. Juárez, exactamente frente a Bellas Artes).

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El general Lauro Villar, Comandante Militar de la plaza de la ciudad de México, resultó herido en las primeras acciones, y Madero, comete un error más al sustituirlo  por indicación del ministro de guerra con el general Victoriano Huerta.  Esa misma tarde el mandatario salió hacia Cuernavaca Morelos, a conferenciar con el general Felipe Ángeles, el militar en quien más confiaba.

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Después de este primer fracaso, las fuerzas rebeldes se desbandaron. A pesar de contar con superioridad numérica, Díaz y Mondragón decidieron refugiarse en la antigua fábrica de nombre “La Ciudadela”.  El edificio, que funcionaba como depósito de armas y municiones, se encontraba resguardado por los generales Rafael Dávila y Manuel P. Villareal. Fue tomado a traición a las 11:30 a. m, tras un corto intercambio de disparos, Villareal fue herido y rematado por la espalda. De esta forma los golpistas tuvieron a su disposición 27 cañones, 8500 rifles, 100 ametralladoras, 5000 obuses y veinte millones de cartuchos.

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Lunes 10 de Febrero de 1913.
En la mañana   Madero y Ángeles llegaron a la capital por el rumbo de Xochimilco y Tepepan, fueron recibidos por el ministro de Guerra Ángel García Peña. A pesar de la insistencia del presidente para nombrar a Ángeles como jefe de la plaza, el ministro ignoró la petición y decidió respetar el escalafón militar manteniendo a Huerta en el mando.

En el Transcurso de la mañana, el general Victoriano Huerta se había reunido en secreto con los rebeldes, realizando esta reunión en una casa de la colonia Roma, y una más en el centro; donde cambiando los planes originales de la rebelión llamada “el cuartelazo”, pactan un acuerdo, V. Huerta no atacara la Ciudadela con todo lo que hay en la capital, a cambio de que al caer el gobierno de Madero ser reconocido como presidente de la república, a lo que Manuel Mondragón y Félix Díaz aceptan.
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Un consejo militar presidido por Huerta se llevó a cabo para estructurar un plan de ataque que consistiría en un ataque frontal a La Ciudadela conformado por cuatro columnas que dirigidas por Felipe Ángeles, Gustavo Mass, Eduardo Cauz y José María Delgado siendo respaldadas por la artillería de Rubio Navarrete. Mientras las fuerzas leales se reagruparon, las fuerzas rebeldes tuvieron tiempo para reorganizarse y tomar posiciones en torno a La Ciudadela.
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Martes 11 de Febrero de 1913.
Por media mañana, comenzaron los combates sobre la Ciudadela tomada por los rebeldes, las cuatro columnas fueron atacando sin hacer mucha mella puesto que los golpistas tenían las ametralladoras apostadas en el techo del edificio y edificios contiguos lo que les dio cierta ventaja, Victoriano Huerta proporciono a el general Felipe Ángeles obuses de metralla los que fueron inútiles ante la ciudadela; pero según algunos testigos visuales “solo tontos podían creer que tomarían el lugar a caballo y caminando de frente a las ametralladoras”, entre otros daños, el reloj que regalo el gobierno chino a México por el centenario de la independencia que se encontraba en  la glorieta de Bucareli fue destrozado en su totalidad.

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En las calles quedaron cientos de cadáveres de ambas partes, se cuenta que más de 850, y cientos de heridos.
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Por la tarde, el general Victoriano Huerta se reunió de nuevo con Félix Díaz, con quien acordó simular el cerco de los golpistas en la ciudadela, y aprovechar para que les llegaran suministros del exterior, y tratar de causar el menor número de bajas entre sus seguidores; esta reunión se cuenta que se realizo en la colonia Roma, y otros que fue en la parte superior del restaurante el Globo.
Por la tarde, Madero fue notificado del fracaso de la incursión y de la entrada de víveres, Huerta, negando los hechos y después de ser confrontado con los testigos y componiendo su porte, dijo a Madero que se trataba de una estrategia para tener a todos los rebeldes juntos y de esa forma terminar rápido con ellos.
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Aun con las dudas Francisco I. Madero, cometiendo un error más confirma a Huerta en el puesto. Por la noche la calma volvió a la ciudad parando casi en su totalidad los disparos de ambos lados.

Miércoles 12 de Febrero de 1913.
Continuó el enfrentamiento armado en la ciudad de México; los cañonazos entre Palacio Nacional y el edificio de la Ciudadela provocaron graves daños en los edificios de los alrededores, así como muchos muertos y heridos.

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Por decisión propia, el embajador Wilson, junto con sus colegas de Alemania y España, “visitó” al presidente en Palacio Nacional para pedir el cese de hostilidades.  Las visitas y demandas al presidente, según Wilson, eran de carácter “meramente humanitario”.
Más tarde los diplomáticos fueron a ver a Félix Díaz a la Ciudadela, y wilson le informo que: su presidente, “se sentía profundamente muy aprensivo por el resultado de este estado de cosas en México; que se habían enviado barcos tanto a puertos del Golfo como del Pacífico, y transportes con marinos, que si se hacía necesario serían desembarcados y traídos a la ciudad con el fin solamente de mantener el orden y dar protección a las propiedades y vidas de los extranjeros.” Nuevamente, la “labor humanitaria”.
Díaz respondió, según Wilson, que él mantenía a sus hombres controlados y que el mayor daño no era provocado por los cañones de la Ciudadela, sino por los que disparaban desde Palacio Nacional, y que él creía que “el gobierno, conocedor profundo de su impopularidad, se sometería a los sentimientos de la nación y no forzaría una lucha sangrienta en el corazón de la ciudad”.

Jueves 13 de Febrero de 1913.
El fuego de artillería no ceso en casi toda la noche de ambos bandos hubo daños considerables, y temprano ese dia se recrudeció el bombardeo mutuo.

Un cañonazo de la ciudadela destrozo la puerta mariana del palacio nacional.

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Los cuerpos de soldados, golpistas y civiles eran tantos que se hicieron hogueras con los cuerpos quemándolos tanto en el zócalo como en las calles aledañas, llenando el aire de la capital con el olor de pólvora, maderos y cuerpos quemados.

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El embajador estadounidense Henry L. Wilson, envió informes alarmistas y exagerados de lo que acontecía al presidente de su país, William H. Taft, con la intención de promover una intervención.

Mediante una visita de Enrique Cepeda a la embajada, se concertó una entrevista entre el embajador, Félix Díaz y Victoriano Huerta para trazar el plan que eliminaría a Madero.

Viernes 14 de Febrero de 1913.
Llegaron a la capital las tropas de Oaxaca, por otra parte el general Aureliano Blanquet, que se encontraba en Toluca combatiendo al zapatismo, llegó a la periferia de la Ciudad de México y permaneció en los llanos de Tlaxpana por órdenes de Huerta.

Aunque los sublevados estaban sitiados, haciendo obvio que el levantamiento había fracasado, el objetivo de todo esto era hacer sentir incertidumbre entre la población, así como temor de una posible intervención estadounidense, para justificar un golpe de Estado en aras de alcanzar la paz, que en apariencia, el gobierno de Madero no lograba conseguir.
Madero volvió a instar a V. Huerta que atacara la Ciudadela, pero sus ataques nuevamente fracasaron. Huerta nuevamente mintió a Madero argumentando falta de fusiles y de hombres.
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Enterado de los rumores de una posible intervención estadounidense, Madero envió un telegrama a su homólogo William H. Taft en el que decía estar informado de un posible desembarco de tropas estadounidenses en costas mexicanas con la intención de salvaguardar los bienes y la vida de sus connacionales que residían en México. Le solicitó evitar esta acción para no empeorar la situación prometiendo salvaguardar en la medida de lo posible la vida de sus compatriotas.   “Indudablemente los informes que usted tiene y que le han movido a tomar tal determinación son inexactos y exagerados…”, le decía Madero a Taft.

Sábado 15 de Febrero de 1913.
Parte del cuerpo diplomático europeo —compuesto por el contralmirante Paul von Hintze de Alemania, Francis W. Stronge de Inglaterra, asi como Henry L. Wilson, de Estados Unidos y Bernardo Cólogan, este último, ministro de España en México, piden a Francisco I. Madero, que firmara la renuncia a la presidencia para lograr la paz en la ciudad, a lo que el presidente les contesto: “los extranjeros no tienen derecho a injerirse en la política mexicana”.

El ministro de Relaciones, Pedro Lascuráin y un grupo de veinticuatro senadores de oposición se reunieron para pedir a Madero su renuncia, se presentaron en Palacio Nacional para hablar con el primer mandatario, quien se resistía a recibirlos, estos lograron que recibiera a el senador Gumersindo Enríquez quien, en nombre de los 25 referidos, comunicó el acuerdo al que llegaron de “suplicar al señor Presidente, al señor Vicepresidente y al gabinete que renuncien a su alta investidura en aras de la patria, a impulso del más sublime patriotismo, ya que sin ese paso de elevadísima abnegación no hay esperanza de paz… y se acordó también que todos los presentes viniéramos en masa a comunicar al señor presidente tal solicitud…”
Más tarde, Huerta designó al general Aureliano Blanquet para resguardar el Palacio Nacional.
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Domingo 16 de Febrero de 1913.
Por la madrugada se firma un armisticio por 24 horas, La ciudadanía salió a las calles para proveerse de alimentos, algunas familias que habían permanecido en las zonas de peligro abandonaron sus casas hacia sitios más seguros. En el transcurso de la mañana un grupo de carros violaron el armisticio al penetrar en La Ciudadela para entregar provisiones a los rebeldes, quienes además realizaron avances en la periferia de La Ciudadela para instalar sus ametralladoras. A las 2:00 p. m. el fuego se reinició.
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Cuando Madero por segunda ocasión reclamó a Huerta la inefectividad de los ataques y la violación al armisticio, el general argumentó que todo formaba parte de su estrategia para concentrar a los rebeldes y aniquilarlos.
El coronel Rubén Morales, asistente de Madero, planeó un ataque nocturno pero Huerta lo impidió.
El secretario particular de Madero, Juan Sánchez Azcona sorprendió a Huerta entrevistándose con Alberto García Grandados y Enrique Cepeda, ambos simpatizantes de los golpistas.
Alberto J. Pani, amigo y colaborador del presidente en su informe diario le comunico de la posibilidad de un acuerdo de los sitiadores y los sitiados.
A pesar de las advertencias de la patente deslealtad de Huerta, Madero continuó confiando en él.

Lunes 17 de Febrero de 1913.
Por la mañana temprano, el presidente Madero recibia un telegrama de su homologo Estadounidense Taft.  Quien indicó a Madero que sus informes eran inexactos explicando que las fuerzas navales estadounidenses se encontraban tan solo en una posición de precaución natural y que no existía ninguna orden de desembarco, no obstante se encontraba al tanto de lo que ocurría en México a través de las noticias del embajador Henry Lane Wilson.

El general Huerta se reunió con el general Aureliano Blanquet; más tarde un grupo de soldados del 29º Batallón, bajo las órdenes de este último, relevó a los guardias de Palacio Nacional, donde se encontraban Madero y Pino Suárez.
Poco más tarde, Gustavo A. Madero y Jesús Urueta descubrieron que Huerta, en lugar de combatir a los rebeldes, estaba efectivamente en tratos con Félix Díaz y sus tropas.
Gustavo con pistola en mano detuvo a Huerta y lo llevó ante Madero.  Frente al presidente, Huerta negó ser partícipe de la conspiración y se comprometió a capturar a los rebeldes en 24 horas.
Madero, sin tomar en cuenta que Huerta había tenido relaciones con Díaz y Reyes en la época del porfiriato, ni  los rumores de que intentarían derribar al gobierno, Madero lo liberó y le concedió las 24 horas que solicitó para comprobar su lealtad.
Henry Lane Wilson visitó La Ciudadela para continuar su labor de mediación entre Huerta y Díaz.
Por la noche, Alfredo Robles Domínguez, antiguo militante del gobierno que se había distanciado del presidente, visitó Palacio Nacional para dar parte de la confabulación de Huerta con Félix Díaz. Madero refutó el informe.

Martes 18 de Febrero de 1913.
Temprano, el general Victoriano Huerta dio la orden a el general  Aureliano Blanquet para que llevara a cabo la detención de Francisco I. Madero, y de Jose M. Pino Suarez, “los Presidentes” como eran llamados.

 
Mientras tanto Enrique Cepeda se entrevistó con el embajador Henry L. Wilson para informarle lo ocurrido en Palacio y en el restaurante Gambrinus. El embajador había notificado al presidente Taft y al Departamento de Estado de Estados Unidos que los rebeldes habían aprehendido a Madero y Pino Suárez una hora y media antes de que estos hechos ocurriesen.

El general Blanquet, irrumpió en una reunión que celebraba el presidente. Durante los momentos de forcejeo y confusión se intercambiaron disparos. Marcos Hernández cayó muerto al interponer su cuerpo para salvar la vida al presidente. El capitán Gustavo Garmendia disparó su arma matando al coronel Riveroll y al mayor Izquierdo. Cepeda fue herido pero logró escapar. Acto seguido el presidente y una pequeña comitiva bajaron las escaleras para hablar con el resto de la tropa en el patio, fue entonces cuando el general Aureliano Blanquet, personalmente, lo hizo prisionero. A pesar del reclamo de Madero, quien lo llamó traidor, la detención de Madero y Pino Suárez se llevó a cabo.
En el restaurante Gambrinus, a la 1:50 p. m., Gustavo A. Madero, quien se había reunido con el general Huerta, fue sorpresivamente aprehendido por veinticinco guardabosques. Una vez que Huerta confirmó  el éxito de las acciones perpetradas en Palacio, convocó al general Felipe Ángeles para darle órdenes. Una vez que éste se reportó, Huerta le ofreció asumir la dirección del Colegio Militar o acompañar a Madero al exilio a Cuba para luego regresar y dirigir la institución. Ángeles se inclinó por la segunda opción, no obstante fue hecho prisionero por Blanquet.
El embajador Henry Lane Wilson, quien les transmitía a los demás ministros extranjeros, el comunicado del general Victoriano Huerta: “El presidente de la República y sus ministros los tengo en mi poder, en el Palacio Nacional, en calidad de presos.” Huerta explicaba las razones que lo movieron a llevar a cabo dicha aprehensión: el patriotismo, decía… “este acto mío ruego a S. E. se sirva interpretarlo en la forma que respetuosamente le suplico. No tiende más que a asegurar la paz en la República y a asegurar los intereses de sus hijos y los de las diversas colonias extranjeras que tantos beneficios nos han proporcionado”. Además de exponer sus motivos, Huerta aprovechaba para pedirle al estadounidense que, por favor, les avisara a los rebeldes de la Ciudadela lo que sucedía, lo cual “sería un nuevo motivo de agradecimiento del pueblo de toda la República hacia usted y hacia el siempre glorioso pueblo americano.”
A las 9:30 p.m. Henry Lane Wilson convocó a parte del cuerpo diplomático y recibió en la embajada de los Estados Unidos a los golpistas. Por una parte llegó Victoriano Huerta acompañado de Enrique Cepeda y el general Joaquín Maas Flores, y por otro Félix Díaz acompañado del general Fidencio Hernández y Rodolfo Reyes. Fue este último el encargado de redactar el Pacto de la Embajada, que se dio a conocer de manera oficial como Pacto de La Ciudadela, el cual establecía desconocer al gobierno de Madero y Pino Suárez y establecer un gobierno provisional al mando de Victoriano Huerta con un gabinete conformado por reyistas y felicistas. Félix Díaz declinó formar parte del gabinete para prepararse con su partido con miras a la futura elección presidencial, la cual, hipotéticamente, lo favorecería.  A partir de ese momento se dieron por terminadas las acciones bélicas.
Los padres de Madero, sus hermanas solteras, y su esposa, Sara Pérez Romero, pidieron asilo en la embajada japonesa, lugar en donde pasaron esa noche.

Miercoles 19 de Febrero de 1913.
Al calor de la borrachera por el festejo del triunfo de los golpistas, los soldados exigieron a Félix Díaz la entrega de los hermanos Madero, y F. Diaz exigiendo lo mismo  a V. Huerta.

Huerta se opuso, pues necesitaba la renuncia oficial del presidente para dar legalidad a la usurpación, a cambio, les entregó a Gustavo A. Madero y a Adolfo Bassó.
Ante la presencia de Mondragón, quien, en venganza por las muertes de Reyes y Ruiz, ordenó su muerte.
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Gustavo fue cruelmente martirizado. En las afueras de La Ciudadela le arrancaron el único ojo que tenía dejándolo ciego, lo patearon, lo humillaron, lo golpearon continuamente, un capitán le disparó, aún muerto su cuerpo fue mutilado y los soldados le siguieron disparando. Le extrajeron el ojo postizo, su cadáver fue quemado, tenía treinta y siete heridas de bala. Acto seguido, Adolfo Bassó fue fusilado, él mismo dio las órdenes al pelotón de fusilamiento.
A mediodía, los embajadores de Cuba y España recibieron instrucciones específicas para no reconocer al nuevo gobierno.
El embajador Manuel Márquez Sterling, preocupado por las vidas de Madero y Pino Suárez, les ofreció asilo político en La Habana, su gobierno había dispuesto el crucero Cuba en Veracruz para tal fin. Huerta aseguró que respetaría sus vidas si firmaban sus renuncias y aceptaban el ofrecimiento cubano.
Poco después, una comisión de diputados se presentó ante Francisco I. Madero y Pino Suárez para solicitar sus renuncias con los mismos términos. Bajo estas garantías y condiciones firmaron sus renuncias que fueron escritas escuetamente asi:
Ciudadanos Secretarios de la Honorable Cámara de Diputados:

En vista de los acontecimientos que se han desarrollado de ayer acá, en la Nación, y para mayor tranquilidad de ella, hacemos formal renuncia de nuestros cargos de Presidente y Vicepresidente, respectivamente, para los que fuimos elegidos. Protestamos lo necesario.

México, 19 de febrero de 1913. Francisco I. Madero, José María Pino Suárez.

Pedro Lascuráin presentó las renuncias ante el Congreso que se encontraba reunido en sesión extraordinaria, para conseguir el quórum necesario se requirió la presencia de varios diputados suplentes. El documento fue sometido a votación. Se aprobó la renuncia de Pino Suárez con 119 votos a favor.

La renuncia de Madero fue aprobada con 123 votos a favor.
De acuerdo con la Constitución, Pedro Lascuráin asumió la presidencia interina de la República, su única gestión fue nombrar a Victoriano Huerta como secretario de Gobernación, aprobado el trámite, renunció a su cargo. Su mandato duró 45 minutos, ha sido el más corto de la historia de México, de esta forma se cubrió con un manto de legalidad el golpe de Estado.

Jueves 20 de Febrero de 1913.
Desde su aprehensión, Madero y Pino Suárez permanecieron en el Palacio Nacional, esperando en vano un tren que los conduciría al puerto de Veracruz, de donde se embarcarían a Cuba a su exilio.

Sarita, como se conocía a la esposa de Madero, tenía protección de la delegación japonesa.
Por la tarde se entrevistó con el embajador estadounidense para abogar por la vida de su esposo. El embajador le comentó que él le había advertido a Madero mucho tiempo atrás que eso pasaría y que ahora pagaba las consecuencias de su mal gobierno. Al final dijo a Sara “que no se preocupara, que no le pasaría nada a Madero”.
Ese mismo día, cuando el diputado Luis Manuel Rojas, correligionario masón de Wilson, le pidió interceder por la vida del ex presidente, el embajador se negó respondiendo “que estaba seguro que Madero se levantaría en armas nuevamente, ensangrentando y perjudicando seriamente al país”
Venustiano Carranza envió una circular a los gobernadores de algunos estados del norte para darles a conocer su posición con respecto a la situación política en el país, y convocándolos a alistarse para defender la legalidad.

Viernes 21 de Febrero de 1913.
De nada sirvieron las gestiones de sus familiares, amigos y de los ministros de Cuba, Chile y Japón ante Wilson para que hiciera valer la influencia que tenía sobre Huerta, ya que el embajador les respondió que él, “como diplomático, no podía interferir en los asuntos internos de México”

El gabinete de Huerta,  consideró la peligrosidad de enviarlos a Veracruz, pues en dicho estado las tropas y la marina no reconocerían a Huerta hasta que el Senado reconociera al nuevo gobierno.
Por la noche, Madero recibió la visita de su madre, Mercedes González Treviño, quien le notificó lo que había pasado con Gustavo, la noticia lo trastornó, pasó la noche llorando en silencio su muerte.
El cuerpo diplomático reconoció a Huerta como presidente interino.

Sábado 22 de Febrero de 1913.
Félix Díaz, Manuel Mondragón, Aureliano Blanquet y Victoriano Huerta, coordinaron las acciones para deshacerse de Madero y Pino Suárez.

Alrededor de las 6:00 p. m. el mayor de rurales, Francisco Cárdenas fue llamado a presentarse a los salones de la Presidencia. Se entrevistó con el general Blanquet, quien le comentó que el país lo necesitaba para un gran servicio.
A continuación fue presentado al ministro de Guerra, Manuel Mondragón quien le explicó que la misión consistía en matar a Madero y Pino Suárez fingiendo un asalto. Cárdenas aceptó, pero solicitó escuchar la confirmación por parte de Huerta.
Huerta, viéndole fijamente le dijo: “la resolución, por el bien de la patria, había sido consensuada por el consejo de ministros”.
De acuerdo con Márquez Sterling, a las 10:00 p. m. de esa noche se habían acostado Madero, Pino Suárez y Ángeles. Veinte minutos más tarde los despertaron con la noticia de que serían trasladados, Madero preguntó al guardia por qué no se les había informado antes para estar vestidos. El coronel Joaquín Chicarro, encargado de la custodia de los prisioneros, les notificó que serían llevados a la Penitenciaría de Lecumberri.
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El general Ángeles se incorporó preguntando si él sería trasladado, a lo cual Cárdenas contestó: “No, general, usted se queda aquí. Es la orden que tenemos”. El ex presidente y el ex vicepresidente fueron bajados al patio del Palacio donde dos vehículos les esperaban.
Uno de ellos, en el que viajó Madero, era un Peerless reformado como un Packard, fue rentado por Ignacio de la Torre y Mier y conducido por Ricardo Hernández; el otro, en el que viajó Pino Suárez, era un Protos propiedad de Alberto Murphy y fue conducido por Ricardo Romero.
La pequeña escolta militar estuvo conformada por Francisco Cárdenas, Rafael Pimienta, Francisco Ugalde y Agustín Figueres. Cecilió Ocón llamó por teléfono al director de la penitenciaria, Luis Ballesteros, para avisarle que la caravana ya había salido.
Al momento de llegar a Lecumberri los automóviles pasaron de largo la entrada principal y se desviaron hacia el extremo más apartado de la penitenciaría, Francisco Cárdenas, el hombre encargado de asesinar a Madero, le ordenó: “Baje usted, carajo” y ante la negativa de éste le disparó en la cabeza, muriendo en el asiento del coche.
Por su parte, Pino Suárez intentó huir pero fue herido por Rafael Pimienta. Fue rematado en el suelo, su cuerpo registró trece impactos de bala. Acto seguido los militares, para simular el asalto, dispararon contra los vehículos y limpiaron las manchas de sangre que había en el interior de los automóviles.
Poco después de la media noche, Cárdenas se reportó en Palacio para rendir su informe al general Victoriano Huerta, éste se encontraba en medio de una conferencia de prensa notificando que una multitud iracunda había asaltado a la escolta que custodiaba y conducía a Madero y Pino Suárez a la penitenciaria. Huerta, Mondragón y De la Barra informaron a la prensa que se realizaría una investigación para esclarecer los hechos. Una vez hecha esta declaración, Mondragón pagó a los asesinos la cantidad de dieciocho mil pesos.
 
Domingo 23 de Febrero de 1913.
El diputado Luis Manuel Rojas, convencido de la participación del embajador estadounidense en el golpe de Estado, leyó un discurso ante el pleno de la Cámara:
y o acuso a míster Henry Lane Wilson, embajador de los Estados Unidos en México, ante el honorable criterio del gran pueblo americano, como responsable moral de la muerte de los señores Francisco I. Madero y José María Pino Suárez, que fueron electos por el pueblo, presidente y vicepresidente de la República mexicana, en 1911 […]
Yo acuso al embajador Wilson de haber mostrado parcialidad en favor de la reacción, desde la primera vez que don Félix Díaz se levantó en armas en Veracruz […]
Yo acuso al embajador Wilson de que por un resentimiento personal hacia el presidente Madero, de que dio pruebas claras en algunas ocasiones, no ha hecho uso de su gran poder moral ante los hombres del nuevo orden de cosas, en ayuda de los prisioneros […]
Yo acuso al embajador Wilson de haberse inmiscuido personalmente en la política de México, habiendo contribuido de manera poderosa a la caída de los gobiernos del presidente Díaz y del presidente Madero. Al contestar una comunicación del general Huerta, le aconsejó que se hiciera autorizar por el Congreso de la Unión para legalizar el nuevo orden de cosas […]
Yo acuso al embajador Wilson de que ni por un natural sentimiento de humanidad se le ocurrió en el último extremo, amparar a los prisioneros bajo la bandera americana, a pretexto de que no quería cargar con la responsabilidad de lo que después hicieran los señores Madero y Pino Suárez […]
Luis Manuel Rojas, 23 de febrero de 1913.
Después, el Yo acuso de Rojas fue publicado, la tesis de confabulación fue secundada por el periodista Norman Hapgood.
Victoriano Huerta se apresuró a defender a Lane Wilson argumentado que las muertes de Madero y Pino Suárez se habían debido a la imprudencia de sus partidarios.
El secretario de Gobernación, Alberto García Granados, aseguró que Rojas sería desaforado para responder y probar sus acusaciones. En el mes de marzo.
El recién nombrado presidente estadounidense Woodrow Wilson destituyó a Henry Lane Wilson de su cargo. El ex embajador se retiró a Nuevo México fracasando en sus intentos para que el gobierno de los Estados Unidos reconociese al gobierno de Huerta.

Jueves 27 de Febrero de 1913.
Pascual Orozco reconoció al gobierno de Huerta, unió sus fuerzas al nuevo régimen e intentó convencer a Emiliano Zapata, por medio de su padre, de hacer lo mismo ofreciéndole el puesto de gobernador del Estado de Morelos.

El caudillo se negó de manera rotunda, catalogó las acciones del nuevo gobierno como un “espectáculo lúgubre”, afirmó que él no había hecho una revolución para “asaltar puestos públicos”, consideró a Orozco un traidor y en respuesta a su petición, mandó fusilar a su padre. El 30 de mayo, Zapata modificó el Plan de Ayala.

Miércoles 26 de Marzo de 1913.
El gobernador del estado de Coahuila, Venustiano Carranza, proclamó el Plan de Guadalupe, por medio del cual se desconoció al gobierno golpista de Victoriano Huerta.

Mediante este pronunciamiento Carranza se auto nombró primer jefe del Ejército Constitucionalista, el movimiento armado para derrocar a Huerta se extendió rápidamente a los estados de Sonora, Chihuahua, Durango y Coahuila. Se unieron a este movimiento Pablo González, Álvaro Obregón y Francisco Villa.
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Lunes 25 de Agosto de 1913.
Nueve diputados de la XXVI Legislatura, publicaron un manifiesto en el campo revolucionario carrancista:
El cuartelazo de La Ciudadela no fue una revolución sino una asonada militar, aseguran, y nunca en la historia del mundo, los cuartelazos han llevado en sus bayonetas envenenadas de odios y despechos la voz de todo un pueblo. Los señores secretarios de Estado que opinaron por la renuncia no obraron patrióticamente […] Los señores diplomáticos que se permitieron insinuar al presidente constitucional de la República mexicana que debía renunciar a su cargo, cometieron un acto de osadía, pleno de ignorancia y falta de respeto. Ninguna ley de Derecho Internacional Público, ninguna práctica diplomática, autorizan a un ministro extranjero a inmiscuirse en los asuntos políticos esencialmente internos del país cerca del cual están acreditados […] Y principalmente algunos de los señores senadores del Congreso de la Unión, sin ningún apoyo constitucional y solamente guiados por una perversidad sutil hija del miedo y de la conveniencia personal, aconsejaron la traición y fueron el sostén político del atentado Huerta-Díaz […] Estos antecedentes, acentúan los redactores del manifiesto, fueron la causa determinante de los crímenes que Huerta tenía premeditados y resueltos desde que fue nombrado, por el propio señor Madero, jefe de la División del Norte.

Cierre del asesinato:
El Tribunal Militar dictaminó que las muertes, habían sido responsabilidad de tres desconocidos, que a su vez habían muerto al intentar liberar a Madero y Pino Suárez.
madero
“Sufragio efectivo, no reelección”
“Al conquistar nuestras libertades, hemos conquistado una nueva arma; esa arma es el voto”.

Francisco Ygnacio Madero.
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5 comentarios en “Madero y la decena Trágica.

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