El ultimo muerto de “Hawk Creek”

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Era el frío mes de Marzo de 1863. En los territorios centrales del continente en la naciente nación de los Estados Unidos, en medio del deshielo de la nevada más grande que cayó en varios años en la zona durante el mes de diciembre dejando todo el lugar vestido de blanco, con una capa de más de un metro de nieve en los valles y montañas, en medio de la nieve que en varias áreas ya estaba casi derretida en esos días; un grupo de 65 soldados de la caballería de la unión se dirigían hacia esa área para crear un fuerte.

Los soldados detuvieron su marcha porque los mapas marcaban que era la zona donde se había asentado un poblado que los viajantes llamaban “HAWK CREEK”.
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Después de un día en el área, no encontraban el pueblo, por lo que de nuevo el coronel Addams, Juntando a sus exploradores, les ordeno: “volverán a revisar toda el área, sabemos que está aquí, el invierno fue extremoso esta vez; Y aunque ya vimos que cayó demasiada nieve en esta área, no creo que haya desaparecido el pueblo. Mañana a primera hora volveremos a salir para encontrar esta gente y este pueblo, vayan a cenar y descansar, mañana será otro día.”

Con cara de preocupación el coronel comento a su teniente que temía lo peor por la cantidad de nieve que habían encontrado en la zona.

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El pueblo de “HAWK CREEK”, se fundó en 1858 al pie de la montaña, era un lugar apacible y su gente vivía tranquila desde que llegaron ahí los primeros 43 colonos para fundarlo, hacía ya, cuatro años  y en ese tiempo, habían llegado más colonos así como viajeros que solo estaban uno o dos días retirándose, en la actualidad era un pueblo de unos 80 habitantes, entre los colonos fundadores se encontraba Joseph, su esposa Helen y su familia, que se habían asentado en el área foránea del pueblo cerca del bosque al pie de la montaña y se dedicaba al cultivo así como a la cría de ganado, él y su familia se sentían felices ya que ese año fue su tercer y mejor cosecha, y habían logrado varias crías de ganado, todo era de maravilla para su familia, era el mes de Diciembre de 1862.

Ese día, al ver que el cielo se estaba comenzando a nublar peor que los días anteriores entrando a la casa, vio a su esposa a quien después de darle un beso, y saludar a sus hijos dijo:

-Helen, iré al pueblo, ya que faltan víveres y varias cosas, amenaza tormenta así que tratare de ir lo más rápido que pueda, cierra bien todo, no quiero que si la tormenta llega antes que yo sea un desastre, así que guarden los animales que faltan y enciérrense bien en la casa, regreso en unas tres horas.

– Esta bien (dijo Helen), ve con cuidado, meteré también lo que falta de ropa porque la lluvia no tarda en comenzar a caer,  te esperamos pronto, no tardes.

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El coronel, por la mañana a primera hora, habiendo desayunado; les ordeno que avanzaran en grupos de tres para buscar el pueblo en las faldas de las montañas, después de unas horas llego uno de los exploradores y dirigiéndose con el coronel:

“Coronel, señor, el pueblo está más al norte de lo que habíamos supuesto, lo hemos visto por el catalejos, parte de los tejados y edificios, regresamos para informarle.”

“Bien hecho, soldado, llame al cabo para levantar el campamento y acudir a donde está el pueblo antes de anochecer.”

Después de levantar el campamento que tenían improvisado y dejar un vigía apostado para informar a dónde avanzar conforme fueran llegando los demás grupos, se dirigieron hacia el pueblo, llegando un par de horas antes de anochecer, entrando al pueblo, viendo que todo se encontraba desierto, por lo que ordeno que fueran revisando las viviendas y negocios del mismo.

El coronel se dirigió al bar, viendo que todo se encontraban como si las personas se hubieran ido de prisa, dejando las cosas en su lugar, como si fueran a volver más tarde; extrañándole esto,  fueron llegando los demás soldados indicando lo mismo, que en las casas y edificios; las cosas estaban en su lugar pero que no había ninguna persona en el pueblo.

Decidió que dormirían ahí esa noche, y mando hacer una hoguera en el centro del pueblo para que sirviera de guía a los que quedaron rezagados y por la mañana verían que paso con la gente del pueblo.

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Durante el viaje hacia el pueblo, centrado en hacer las cosas rápido, solo escuchando el golpe de los cascos de su caballo y mula al trote para ganar tiempo en el viaje, sonido que era solamente disminuido por el siseo de los vientos leves al rosar su sombrero y los truenos con su atronadora voz comenzando a anunciar la lluvia que le acompañaba, estaba llegando a la entrada del pueblo cuando las primeras gotas de lluvia comenzaron a caer recias, golpeando donde caían.

Sintiendo en su sombrero como esas gotas se lo movían por lo grande que eran, y en sus oídos escuchando el sonido de las gotas que golpeaban el ala de su sombrero así como los tejados de las casas por las que iba pasando, cuando de repente un relámpago cruzo el cielo tras él, iluminando todo el pueblo frente a sus ojos con un tono azulado, y extrañándole que antes de cerrar los ojos por el estruendo, creyó ver a una joven de cabello blanco parada a un costado de una pared, reparando su caballo por el estruendoso  sonido que genero el relámpago, no viéndola de nuevo, creyendo que era su imaginación; en ese momento dejando de caer las gotas iníciales de la lluvia.

Se dirigió al almacén y después de saludar y platicar un par de minutos del clima con el dependiente, dejando la lista de víveres para que la surtieran, en lo que el acudía con el herrero para recoger las cosas que le había encargado unos días antes; encontrándose en la calle con Samuel quien siendo un hombre maduro y de los fundadores fungía como sheriff por ser uno de los hombres más honestos, respetuoso y un líder nato entre la gente, le saludo: “Joseph, ¿qué haces aquí?, al ver el clima, pensé que estarías encerrando a tu familia en el hoyo que hiciste y llamas sótano para protegerla de esta tormenta, no que estarías aquí de paseo”.

Mientras los relámpagos con su atronadora voz, volvían a iniciar su canto, avisando lo inminente de la tormenta que ya estaba a las puertas del valle, Joseph volteando a ver a Samuel, y sonriendo con él, le contesto: “hola viejo, también me extraña que no te hayas metido en esa cueva que llamas hogar” (mientras señalaba hacia el risco que cortaba la montaña pegada al pueblo, donde había varias cuevas).

Samuel riendo con el respondió: “si esto es lo que parece; créeme que llevare a todos a mi “casa” para protegerlos”.

Antes de entrar a la cantina, para tomar un trago y pasar a recoger su pedido en el almacén; volteo hacia el valle donde estaba su rancho, vio que el cielo se estaba poniendo como la noche de obscuro a pesar de ser poco después de mediodía, viendo los relámpagos que iluminaban el horizonte, frunciendo el ceño porque vio hacia la salida del pueblo de nuevo a la chica que se oculto tras un almacén, recomponiéndose dijo mientras se rascaba la barbilla:

“amigo, no tardes mucho en decidir, (y señalando hacia la tormenta) eso, creo que es más serio de lo que pensamos todos.

Después de tomar su trago, acudió al almacén por sus cosas, pensando mientras cargaba la mula para llevar los víveres: “La primer tormenta de este tamaño en el pueblo”; pensó que en los cuatro años previos desde que el pueblo fue fundado, nunca habían visto nubes de tormenta como esas.

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El coronel, después de haber desayunado y haber formado a los soldados, hablando con ellos les dijo: “no sé qué diablos paso aquí. Pero la gente de este pueblo no pudo haber desaparecido así nada mas, así que partirán en grupos que se dividirán para revisar todos los ranchos y casas que se encuentren fuera del pueblo, según los registros del sheriff, hay cuatro ranchos y tres casas fuera, no irán más de diez millas de aquí, espero que encuentren a alguien y regresen rápido para tener noticias, vamos por esos civiles muchachos” saliendo los soldados a caballo por los dos lados del pueblo, y comenzándose a dividir, ordeno a los soldados que partieran  para ver si encontraban a alguien que les explicara lo que pasaba ahí, mientras él y los que quedaron se pusieron a buscar en todo el pueblo para encontrar algo o alguien que les ayudara a entender que pasaba.

Por la tarde los grupos de soldados fueron volviendo con las mismas noticias, no hay ninguna persona en los ranchos, los animales muchos estaban muertos, otros a punto de morir, pareciera que los habitantes emigraron.

Lo extraño le dijo un soldado: “dejaron todo, se fueron sin nada, solo lo que llevaban puesto, mi coronel.”

Después de haber revisado los ranchos que se encontraban en las afuera del pueblo, solo un grupo llego con la noticia que en el camino a uno de los ranchos encontraron un par de bestias en el camino; pero no encontraron al jinete ni rastro de a donde pudo haber ido.

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Joseph, ya en las afueras del pueblo se comenzó a preocupar por el regreso, ya que el viento que tenia de frente estaba comenzando a tomar fuerza así como a caer nieve junto con la lluvia y no llevaba ropa para ese frío, por lo que pensando: “solo son seis millas, llegare rápido”, azuzo al caballo para tomar velocidad y llegar más rápido, pero al ir sobre el camino que poco a poco se perdía por la nieve que estaba cayendo en abundancia, el viento que  se hacía más fuerte y viniendo de frente, cada vez su visión se hacía menor tanto por el viento como por la nieve, su sombrero se lo había amarrado y llevaba la cabeza agachada, para poder soportar las rachas de los viento que le helaba por dentro a cada respiro sintiendo que los pulmones se le quemaban por el frío que ingresaba a su cuerpo, los vientos fuertes de tormenta que silbaba un canto de muerte para Joseph, solo era acallado por el sonido de los relámpagos y truenos de la Nevazón que comenzaba.


Avanzando lentamente por el camino, la nevazón parecía que había tomado su mayor intensidad lo que hacía más difícil tanto el ver, como el respirar, ya que la nieve cayendo no permitía ver más allá de diez o quince metros, respirar le costaba cada vez más, metiendo la nariz y la boca bajo su abrigo no logrando gran cosa con esto; tratando de apurar las bestias, parecía que en vez de avanzar se quedaba atorado sin caminar, las seis millas de camino a su casa pareciera que fueran muchas más, queriendo apurar daba palmaditas a su caballo en el cuello animándolo a avanzar pero el animal presintiendo el peligro solo relinchaba avanzando despacio y con las ráfagas de viento que parecía que los aventaría de nuevo al pueblo, antes que el camino se perdiera en la nevada vio los arboles del bosque que se encuentra a pie de la montaña, y eran el indicador que ya había avanzado la mitad del camino, pero que a él le parecía que eran más de veinte millas.

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En el pueblo; Samuel, apurando a la gente, juntándolos casi recién salido Joseph, para llevarlos a la montaña que se encontraba a un kilometro o un poco más, generando un éxodo con los casi 80 habitantes de la pequeña población de “HAWK CREEK”.

Después de salir del pueblo, Samuel, estando al pendiente que nadie quedara retrasado, viendo a la gente y tras ellos al pueblo, vio que a un lado del camino, sobre una peña saliente estaba una joven de cabello blanco, que solo observaba el grupo sin moverse y a la cual no parecía afectar el viento ni el clima que se estaba desatando, por la experiencia de los años, Samuel se puso algo nervioso y comenzó a apurar al grupo. Avanzo el grupo poco más de media hora  por el escarpado lugar, soportando la nieve que caía junto con la lluvia y los vientos que minuto a minuto se hacían más fuertes y que a más de uno ya había tirado por el suelo, con las cosas que llevaban para pasar esa noche y tal vez un par de días en lo que pasaba la tormenta, por fin llegaron a la entrada de la cueva, un lugar bastante amplio, donde Samuel el Sheriff, tenía su “acogedor hogar”, poniendo a los hombres a hacer varios fuegos en la cueva para generar el calor suficiente y mantenerlos cálidos, y a las mujeres a hacer caldo, indicándoles donde tenía los barriles con agua del rio, y algunas verduras, así como carne que llevo del pueblo. “Espero que esto pase rápido, tal vez un día más esperando que se calme el clima, en un par de días estaremos en el pueblo de nuevo”. Les estaba diciendo a todos. Mientras ayudaba a acomodar a los niños en lo más profundo de la cueva; para protegerlos mejor del frio.

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Joseph, maldiciendo su suerte por no ir al pueblo antes, ya que había estado nublado en los días anteriores, sin llegar a llover.

Después de pelear contra el viento y la nieve que cayendo de frente en una nevada casi horizontal por los fuertes vientos,  Joseph cerró los ojos un momento para poder tratar de ver mejor; en sus oídos, el ruido de los rayos y del viento de súbito ceso.

El frio dejo de sentirse, por lo que abriendo los ojos, se sorprendiendo de que estuviera de pie en medio de la nada, estaban las cosas quietas y el lugar cubierto de nieve.

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Joseph, aun con los ojos cerrados, soltó la rienda de la mula al sentir que casi se cae porque no quiso avanzar más, y agachado en el cuello de su caballo entumido por el frio intenso que se sentía por el viento y la nevada, dándole cariños a su caballo para que no se detuviera pero unos metros adelante el caballo relincho, y levantándose en dos patas tirando a su jinete, caía el animal inerte por el frio entre la nieve, Joseph, tomando aire dentro de su abrigo de piel que llevaba, con su mente perdida en otra parte, viendo los arboles, con voz apenas audible dijo: “los… arboles…” levantándose dificultosamente por el viento y el frio, avanzo despacio sin sentir apenas las piernas, solo diciendo: “Helen… Joseph… Mary Ann… ya voy a llegar… tengo que llegar”

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El coronel, sentado en una banca fuera de la comisaria, donde dominaba todo el pequeño pueblo, y los riscos de la montaña que se encontraban pegados casi al pueblo, meditando un par de horas viendo el paisaje de la calle principal de el pueblo de pocos edificios de un piso que se veían blancos por la nieve, nada importante en ellos y quedándose viendo a los riscos; “un pueblo naciente que ha desaparecido”, dijo para sí, abriendo los ojos sorprendido, dijo: “las cuevas!!”,   dando una fumada a su pipa se levanto de la banca y acudiendo con los soldados, dijo: “en esta montaña, hay cuevas. Lo recuerdo de mis tiempos de explorador, así que hagan tres patrullas y revisen las cuevas que se encuentran en las faldas, si salieron de aquí no deben estar muy lejos por el frio y es un buen lugar para refugiarse y quiero ocho voluntarios para ir al bosque a buscar a quien dejo las bestias tiradas en el camino, y otros ocho para ir y revisar de nuevo los ranchos de las áreas”…

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A su alrededor, Joseph, todo lo veía negro, pero en espacio donde se encontraba de unos veinte metros alrededor, estaba iluminado, pero era una luz que no venía de ningún lado,  no recordando haberse bajado del caballo y no  viéndolo en ningún lado, mirando sus manos, y tocándose se preguntaba que había pasado; cuando vio que alguien se movió en los arboles que se encontraban a su derecha, levanto la vista viendo cómo salía detrás de los arboles una joven vestida en un vestido color celeste, con el cabello también como la nieve… blanco, saliendo de su asombro pregunta a la joven escuchando como se genera un eco al hablar: “que paso?, Quien eres tú?”.
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Ya habían pasado horas y la tormenta no parecía amainar, al contrario, las ráfagas de aire gélido entraban en la cueva, pero con las antorchas y los fuegos que hicieron por la cueva de más de cincuenta metros de profundo así como unos treinta metros de ancho y unos diez de alto, no se sentía tan fuerte, Samuel estaba en la entrada viendo el paisaje como se desaparecía ante la nevazón, dando la media vuelta, volviendo a entrar, diciendo a todos, “estén tranquilos, aquí estaremos bien, acomódense y descansen, no puede tardar mucho en pasar esto”.

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Los soldados, acompañados por el coronel Addams, comenzaron a subir despacio por el terreno para llegar a el área de las cuevas, los de avanzada le informaron que aun había demasiada nieve, que al parecer había habido un derrumbe, había nieve, piedras y tierra, el coronel dio la orden a unos soldados que avanzaban con el, que se regresaran y trajeran palas y picos para en caso de que alguna cueva se hubiera tapado comenzar a escarbar. Mientras siguieron avanzando hacia el pie del risco, de reojo el coronel, vio que alguien se movió, volteando hacia el montón de nieve sucia y lodo no vio a nadie aunque estaba seguro que alguien había ahí…

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La joven viéndole, hablo sin mover su boca: “Joseph, mi nombre es Hela, y he venido para que estés a mi lado… ”

Joseph poniéndose más serio dice: no sé quién eres, a que te refieres con que vienes a mi lado, ya casi llego a mi casa; así que dime que está pasando?

Hela, como si flotase, se dirigió despacio a donde estaba el, quedo a unos centímetros de la cara de Joseph, que aun siendo alto se vio pequeño ante el ser a quien le vio el rostro por fin, a pesar de la belleza de Hela quedo su mirada clavada en los ojos de ella, totalmente negros y sin brillo; ella clavando su mirada en los ojos dijo: “No Joseph, vengo por ti; porque estas muriendo, o dime cuando ha parado la tormenta?, estas muriendo de frio y he venido a por tu alma… y por la de todos lo que en este pueblo viven incluida tu familia.”

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Habían pasado ya más de diez horas, era de noche y la tormenta no parecía que se fuera acabar, al contrario, la nieve se estaba acumulando en la entrada, los pobladores se estaban comenzando a preocupar, pero Samuel, le dijo que no se preocuparan que la nieve no podría tapar la entrada a la cueva; ya entrada la noche todos se comenzaron a acomodar en distintos lugares para dormir esperando que al dia siguiente ya pudiesen regresar al pueblo.

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Llegando los soldados con varias palas, el coronel les pidió que un par de grupos se fueran a las cuevas que se veían desde ese punto para revisarlas mientras el y los demás soldados que pusieran manos a la obra escarbando donde el estaba seguro que había visto a la persona de reojo, pasando la mayoría del día escarbando y moviendo piedras para hacer camino hacia donde el creía que estaba una cueva…
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Por la madrugada, la nevazón que parecía no amainar, Samuel que se encontraba medio dormido, en el fuego que había en medio de su hogar, cuando escucho un crujido como si la tierra se estuviera partiendo, que venía de la entrada de la cueva, por lo que despertando y volteando a la entrada vio en ella a una mujer parada viendo hacia adentro, se paro y camino hacia ella, sintiendo un frio sobrenatural a como se acercaba a ella porque veía que era muy alta, estando a unos cinco metros de ella; Hela, volteando hacia Samuel a la vez que levantando despacio su báculo, avanzo en un movimiento rápido quedo a unos centímetros de él, viendo Samuel sus ojos de muerte, totalmente negros; Hela, ladeando ligeramente la cabeza, comenzó a reír, mostrando en vez de dientes una hilera de colmillos dijo: “Samuel, todos ustedes se irán conmigo a la eternidad.” estirando su brazo en un movimiento rápido, se escucho un estruendo. Nieve, tierra y rocas cayeron a causa de un deslave que cubrió la entrada, Samuel, siendo golpeado por una roca murió al quedar la mitad de su cuerpo cubierto de tierra y piedras…

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Addams, desesperado se encontraba al parejo con los soldados moviendo piedras y paleando el lodo, algo en su interior le decía que ahí estaban los habitantes de “HAWK CREEK”, el ver esa figura de reojo, le daba esperanza de encontrarlos, y a la vez desesperación de haber llegado tarde para salvarlos.
Los soldados que había enviado a buscar al jinete misterioso de las bestias en el camino hacia el rancho más lejano, decidieron entrar en el bosque a buscar al jinete, la patrulla desmonto y se adentraron en el bosque, después de unos quince minutos encontraron un cuerpo, boca abajo, con señas de haber muerto por el frío; así que lo envolvieron con una cobija que llevaban y dos de la patrulla se fueron a revisar de nuevo el rancho, ya en la estancia, un lado de la chimenea uno de ellos encontró la trampilla que llevaba al sótano, el cual se encontraba totalmente helado, encontrando el cuerpo de una mujer adulta y tres niños que llevaban tiempo muertos; regresando al pueblo con el cuerpo; las demás patrullas regresaron con noticias iguales, encontraron los cuerpos de los rancheros congelados en lugares que pensaron que eran buenos para protegerse en distintas partes de los ranchos, lo que indicaba que el frío había sobrepasado lo normal.

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Joseph, viéndole ahora mas con miedo por verla flotar así como el ver los ojos negros de esa hermosa joven, agachando la mirada, dio varios pasos hacia atrás horrorizado al ver que de la cintura hacia abajo se encontraba con su vestido manchado en sangre y comenzaba a despedir un olor a putrefacción, ella señalando con el báculo que portaba en su mano izquierda a la vez que hablaba: “voltea y mira por ti mismo”

Joseph, totalmente horrorizado por estarse dando cuenta de la realidad volteando despacio vio  que su cuerpo se encontraba entre los arboles cubriéndose de nieve, volteando hacia Hela, dijo: “no es posible, tengo a mi familia que se encuentra aquí en el rancho, necesito llegar a ellos para que vean que me encuentro bien…”

Hela, poniendo su báculo en el pecho de Joseph, obstruyendo su paso le dijo: “no es posible, ya perteneces al mundo de los muertos… a mi reino, ellos ya han muerto, tienes que venir conmigo al inframundo para que seas juzgado por los actos que has hecho en tu vida”.
“pero tranquilo, a todos ellos los veras pronto, ya que la vida es un segundo en la eternidad del tiempo”.

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En las cuevas, casi anocheciendo por fin pudieron dar con la entrada de la cueva, los soldados comenzaron a escarbar con mas ahincó por saber que estaban cerca de encontrar a los habitantes y no sabían cómo estarían, o si estarían vivos.

Ya entrada la noche pudieron descubrir la entrada y pasar a la galería de la caverna, así que encendiendo mas teas y a la orden de el coronel Addams de “nadie descansa hasta que los encontremos”, comenzaron a entrar a la cueva en donde la temperatura era demasiado baja así como un olor amargo y dulce; un olor a muerte!; comenzó a salir de la cueva, los soldados siguiendo al coronel, iban entrando de uno por uno con las teas en la mano, mientras los demás seguían escarbando en la entrada para remover las toneladas de piedra y lodo que la había sellado hacia ya tres meses, el coronel, tapando su nariz y boca con el paño que traía, haciendo lo mismo los soldados, fue avanzando poco a poco iluminando a su paso el camino con la tea que por la falta de aire nuevo en la cueva amenazaba con apagarse, ya estando a media cueva y rodeado por los soldados, que con sus teas generaban la suficiente luz amarillenta mortecina para ver un poco del espacio en la cueva, de pronto el coronel, dio media vuelta y dando la orden de salir a todos de ahí, en fila fueron saliendo de la cueva sin mediar palabra, al estar afuera, el coronel viendo a sus muchacho totalmente enlodados y cansados por el esfuerzo hecho durante ese día, con lagrimas en los ojos les dijo: “hemos cumplido muchachos, gracias a todos… vamos a darnos un baño y descansar… mañana haremos lo que falta para dar sepultura a los habitantes de “HAWK CREEK”, vayan a por un trago, se lo han ganado.”

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Por la mañana a primera hora, el coronel con todos sus soldados comenzaron a cavar fosas entre el pueblo y el risco, decidieron que le darían sepultura a cada uno de ellos en forma individual, ya teniendo unas 20 fosas dio la orden a la mitad de sus soldados para que fueran trayendo los cuerpos en las camillas que hicieron para ello, y así durante ese día fueron uno a uno sepultados los habitantes de “HAWK CREEK”, en tumbas sin nombre; solo cruces hechas de ramas, para identificar a cada una de ellas.
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Por la tarde, la tétrica tarea había terminado, los soldados, exceptuando a los de guardia se habían retirado a las casas y los locales que usaban para dormir, el coronel, se encontraba en la banca del patio del sheriff, con lagrimas en los ojos, tomando de una botella de whisky, triste de no haber podido salvar a la gente del pueblo que había sido comisionado, un pueblo ahora fantasma…
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Pensando en sus años dentro de la vida militar, nunca había imaginado que a los sesenta años vería una escena tan dantesca; viendo el pueblo desde el que se había vuelto su lugar favorito, y agradeciendo al sheriff por escogerlo ya que todo se veía maravilloso, el pueblo entero y los riscos al fondo, cambiando de tonos a como el sol se ocultaba; ya obscuro, con la luz de la fogata que tenían los soldados a su derecha, y con el whisky ya haciendo efectos en su cabeza, comenzó a tener un dolor en el brazo izquierdo, que le empezó a hormiguear, levantando la vista, vio que del fondo del pueblo, venia despacio una joven con el cabello blanco como la nieve, avanzaba despacio hacia el… cada vez el dolor se volvía más fuerte, sentía que no podía respirar… venia enfundada en un vestido celeste… queriendo respirar, pero el dolor que cada momento aumentaba y pasaba a su pecho… con un báculo en su mano izquierda, avanza hacia el… soltando la botella, mientras cerraba y abría los ojos queriendo poder gritar… la joven llego frente a él… el coronel viendo sus ojos totalmente negros, sin brillo, le escucho decir: “Es el momento Robert, he venido por ti…”

Por la mañana, los soldados que pensaron que el coronel se había emborrachado y quedado dormido en la banca, se dieron cuenta al querer despertarlo que durante la noche había muerto.

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Joseph en el lugar donde se encontraba, solo con Hela, viendo su cuerpo que acababa de morir por el frio en medio de los arboles, voltea a verla y le pregunta:

¿Quién eres tú en realidad, y porque yo?

Hela, mientras flotaba frente a el, dijo con voz calma y entonada:

“Mi nombre es Hela, hija de uno de los siete supremos y reina del inframundo, dama elemental de los muertos… ustedes me conocen por el nombre de MUERTE…”

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:icondanshaggy:

El ultimo muerto de HAWK CREEKby Danshaggy

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9 comentarios en “El ultimo muerto de “Hawk Creek”

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