La visitante Fantasma (Eulalia) Editado.

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El siguiente cuento, inspirado en base a hechos reales, fue creado en conjunto con © Silvia Eugenia Ruiz Bachiller, los textos de esta historia donde se describen los hechos son parte real así como de ficción, por esto, queda a consideración de usted, creer o no…

Tenía ya días con ciertos problemas de salud, por lo que después de consultar con el médico, éste me  envió de urgencia al hospital, a donde llegamos cerca del medio día y donde después de un chequeo minucioso, me internaron por tener problemas en un pulmón…
Quiero aclarar que no me agradan los hospitales y menos ése, ya que he escuchado de varias cosas  que suceden ahí…

Esperé unas 3 horas para pasar con un médico que me diagnosticara y me recibiera o no en el hospital.

Sí me admitió, y me pasaron a la sala de espera de urgencias, (que se encontraba demasiado llena de gente), donde tuve que esperar con otras 5 pacientes (unas llegaban otras se iban) sentadas cada una en una silla de lo más incómoda, y donde al entrar le piden a uno que se desvista,  quedando tan solo con una batita de hospital y usando una sábana como chal, porque hacía mucho frío y todas tratando de ponerle al mal tiempo buena cara, platicándonos nuestras dolencias y qué nos llevó ahí; unas horas después, cuando  vimos que íbamos a esperar mucho, empezamos también a hacer bromas y tratar de hacer más leve la espera, de las recién llegadas, unas se integraban, otras no, las más graves se iban, porque a como iban saliendo pacientes, nos iban acomodando en las camas de Urgencias, pero eso sucedió sólo 4 veces en la noche y algunas tuvimos que pasar la tarde y la noche ahí, esperando que se desocupara una cama…

En mi caso,  por el problema que llevaba me pusieron suero, pero quien me colocó el catéter me lo coloco mal así que me estaba lastimando el brazo, casi 20 horas después, (ya había pasado todo un día solo en espera), me pasaron a la sala de urgencias (junto  a otras 4  que ya estaban ahí también), pero aún sin cama, tardaron más de 24 horas en asignarme cama y tuve que esperar sentada en la consabida incómoda silla. Una vez que me asignaron cama, me cambiaron el suero vía intravenosa, que le ponen a todos los que llegan y ya me pusieron algo específico para mí y quedé en una cama en un rincón de la sala, no muy visible, por lo que el tráfico de personas en donde me encontraba, no era mucho.

Tercera noche…

Esa madrugada, estando yo entre dormida y despierta,  vi una enfermera a la que observé de reojo, facciones finas, algo más que de mediana edad, su piel me llamo la atención por lo pálido y apariencia sutil; y debo recalcar que lo que me hizo fijarme mas en ella fueron sus ojos, de un color negro intenso, debido al medicamento mi cabeza no trabajaba bien del todo pero sí recuerdo perfectamente su visita: llegó, se paró al pie  de mi cama, y viéndome fijamente,  me preguntó cómo me encontraba, luego observó los registros médicos que estaban anotados en mi carpeta, se acercó a mí y mientras me revisaba el suero con medicamento que me habían puesto en la vena y que me lastimaba mucho, sin preguntar, suavemente cambió el catéter de vena, mientras miraba a los pacientes de las otras camas y recuerdo que me dijo:

-“Estarás bien”,  “todavía no es tu turno”

Por lo que le pregunte: -“Porqué dice eso?”

Sin contestar mi pregunta, me dijo:

-“Tienes que comer”… “recuperarte”- con una voz que se me quedo grabada porque su tono era bajo, muy suave, era modulado y dulce. Entonces fue cuando la vi un poco mejor, su cabello me llamo la atención, ya que lo traía peinado en “chongo” y muy canoso, es raro ver actualmente a una mujer que tenga el cabello cano…  y su piel se veía muy suave, y se sentía también muy leve, al tocarme  sentí sus manos frías, pero lo adjudique en principio al suero que me estaban poniendo ya que lo sentía frio en las venas, cerré los ojos un par de minutos después que terminó de cambiar el catéter, y cuando los abrí ella ya no estaba ni junto a mi cama ni en la sala.

Por la mañana muy temprano, otra enfermera me pregunto que quién me cambió el catéter, ya que todos al hacer curaciones debían dejarlo registrado y había sido cambiada (¡vaya que sí!, ahora ya no me lastimaba) pero sin registro; le describí a la enfermera que me atendió en la madrugada, ya que no sabía su nombre (no se lo pedí) y ella y otra enfermera que llegó cuando la estaba describiendo, se miraron con cara de sorpresa y no dijeron nada, sólo se retiraron de inmediato, lo que me llamo la atención…

Ya  estando en cama de Urgencias, me asignaron cama en piso hasta 3 días después, en Medicina Interna. Había cinco pacientes más en el cuarto, no más de 40 como de donde venía, al menos no estaré en un lugar abarrotado, como en Urgencias.

Sexta noche…

El día ha estado muy tranquilo, he estado un poco adormecida por los medicamentos, A las 9 de la noche, en la ronda normal, con mi hijo Mario presente, los doctores me han dicho de una intervención necesaria, un procedimiento quirúrgico para mejorar mi situación, que lleva sus peligros (incluso hasta la muerte), pero tengo que dar mi autorización, y no quiero, por lo que les digo que necesito tiempo para pensarlo y hablarlo con mi hijo,  así que lo discuto un poco con él, que sí quiere que lo hagan, porque me ve muy mal y quiere que mejore, pero a mí no me convence, se despide molesto,  rezo y me dispongo a dormir.

Poco antes de las 10 de la noche, llega una asistente de enfermera a checar mis signos vitales, como cada 3 horas  pero como me ponen un medicamento para dormir un poco por mi insomnio, apenas abro los ojos, sin embargo sí la escucho decir:

-“Su catéter se está zafando otra vez –por alguna razón (dijo la enfermera que por el medicamento) el dichoso catéter no podía quedar y me  lastimaba, salvo cuando lo arreglaba la enfermera de la noche en Urgencias, pero por la mañana me lo volvían a cambiar lastimándome en el proceso y durante todo el día – que se lo arreglen en el próximo turno”.

Como a la 1 de la mañana -según mi cálculo por los rondines- me encuentro más dormida que despierta, y la veo de nuevo… la enfermera de Urgencias, a pie de mi cama, (pero viendo la cama de la izquierda de mi cama) aquí en Medicina Interna.

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Volteó a verme y vi sus ojos obscuros entre la luz tenue que había en la habitación, sus ojos brillaban de manera especial, no sé explicarlo, pero a la vez que me daba miedo, me daban también confianza, así que traté de verla bien: peinada igual, y con su traje impecable, estatura media, un poco pasada de peso pero con movimientos ágiles, parecía que se deslizara en lugar de caminar; traté de encender la lámpara de la cabecera pero tomando mi mano suavemente, me dijo -“no, por favor”… así que no la encendí, y mientras ella me revisaba el goteo del suero y mi vena, sin verme apenas me dijo que cambiaría el catéter, que me estaba lastimando, le pregunté:-“Como te llamas?”-ella manipulando las manos rápido, y volteando de reojo a verme, me dijo:-“Eulalia”- y al terminar, me dijo: -“recuerda que tienes que comer, te recuperarás ya lo verás”- mientras me decía esto vi que observaba a las pacientes de las demás camas, pero como siempre, no la vi atender a nadie más, se dio la media vuelta, yo cerré los ojos y me  quedé dormida.

En un rato más  llegó la enfermera de turno, que venía a revisar  y cambiar el catéter reportado por la anterior, al tomar mi mano me despertó, y se quedó viéndola fijamente, me revisó la muñeca, donde me lo había puesto Eulalia, y volteando al ver que estaba despierta, me preguntó que quién la había cambiado de lugar, y cuando le contesté que la enfermera Eulalia, con ojos de sorpresa dijo: “gracias” y salió rápidamente de la habitación sin más.

Sin entender, me quedé dormida hasta la mañana siguiente, por la mañana ya en el desayuno, pensé en ¿cómo sabría la enfermera de noche, que seguía yo sin comer casi nada en el día? ¿Y además, siendo ella de turno nocturno?

Mas tarde  llegó el médico y después de revisarme, me preguntó por la enfermera que me realizó la curación, por lo que le repetí lo que paso la noche anterior, viéndome fijamente, el doctor me dijo que en el hospital no había ninguna Eulalia y que tal vez una enfermera me jugó una broma… pero lo importante era que lo que había hecho ella estaba muy bien.

Cabe aclarar que cuando Eulalia me arreglaba la aguja del suero, dejaba de molestarme por un tiempo, pero siempre por la mañana llegaba la enfermera de turno, el manipular los sueros y poner los medicamentos me lo movían y lastimaban, hasta que Eulalia lo arreglaba en la madrugada.
El resto del día transcurrió con normalidad en compañía de mi hijo a quien no comenté nada sobre la enfermera, ya que teníamos otros asuntos más trascendentes que tratar, porque él ya no me quería ver tan mal como estaba y la única solución era aceptar la intervención quirúrgica, y yo no estaba de acuerdo, aunque me dijeran que tendría que quedarme en el hospital mínimo 2 meses!? Si no me la hacían.

Para ver mi estado actual y tener más datos para tomar una decisión, me tomaron cinco muestras de sangre (5 piquetes más) para análisis y varias placas de rayos X, fue lo más trascendente ese día y quedaba pendiente la decisión, que yo sospechaba que, al final, si empeoraba, ellos la tomarían y me llevarían al quirófano, aprobado por mí o no…

Séptima noche…

Me dieron mi medicamento y me quede dormida… por la madrugada entre mi sueño sentí que había alguien ahí, y abrí los ojos y era ella… Eulalia de nuevo, pero ella no llegaba a la carrera ni me curaba bruscamente, como las otras, ella sólo estaba ahí cuando abría yo los ojos y en cuanto la veía, se acercaba  a revisarme y arreglar o cambiar el catéter y darme ánimos y consejos.
Entre sueños,  le pregunté qué hacía una enfermera de Urgencias en el piso de Medicina Interna, o viceversa, y por qué me había atendido desde Urgencias, y eso era raro,  ella viéndome mientras me cambiaba de vena, me respondió con su voz suave y tenue:-“Porque estoy ayudando en todos lados del hospital, donde siento que me necesitan, es que estoy ahí, y hoy me toca aquí”- pero yo estaba muy adormilada para poder llegar  a entender lo profundo de su respuesta, así que la dejé seguir haciendo lo que hacía sin hablar y al terminar agregó mientras me acarició el hombro:
-“Recuerda que la muerte no se contagia, las enfermedades sí, tú estarás bien, aun no es tu turno.” A la vez que miraba a la paciente de la cama a mi izquierda, (note que dibujo una sonrisa muy sutil, apenas perceptible) que  había llegado en la noche, unas horas antes, pero curiosamente, a ella ni la revisó, de hecho, nunca la vi revisar a nadie más.

Por el tranquilizante que me ponían para dormir, No entendí, (pero cabe aclarar que lo que me decía se me quedaba grabado, y lo que ella hacia también),  y me dormí de nuevo.

Más tarde, mi vecina, la paciente de la izquierda empezó a toser, cada vez más fuerte (lo que me despertó) y se oía que se ahogaba, vino la enfermera de noche , llamó a un Dr., éste llamó a otro, le dieron reanimación, una enfermera se montó sobre la paciente para darle masaje al corazón, luego un médico, de pie a su lado izquierdo también le dio RCP , trajeron muchos aparatos, como los que se ven en películas o la TV,  para esto, las demás pacientes de la habitación ya habíamos despertado. Todas estábamos atentas a lo que estaba sucediendo ahí, entonces, la enfermera que operaba la máquina no encontraba algo en el carro  y volteando a verme con cara de preocupada, solo me dijo: “usted perdone” mientras tiraba de los parches de electrodos que tenía yo en el pecho y con los que me monitoreaban, ajustando todo a la paciente en crisis. Luego con el desfibrilador le dieron los choques varias veces pero no reaccionó…

Fue impresionante, sobre todo, porque después de  muchos minutos, no pudieron salvarla.  Lo que más me impactaba era que esa paciente tenía lo mismo que yo, pero acababa de ingresar unas horas antes,  en ese momento entró en mí la idea en cambiar de opinión y aceptar el procedimiento quirúrgico…

Algo me hizo voltear y a través de los cristales de la ventana al pasillo vi a Eulalia que observaba la escena atentamente, aunque inexpresiva y entonces volteo a verme directamente y  me hizo una señal con la mano, que guardara silencio.Y que yo interpreté como: “tranquila, tú estás bien”voltee a la cama con los médicos y regresé la vista a la ventana sólo un segundo después, y ya no la vi.

El resto de la madrugada y después que se llevaron el cuerpo, las demás pacientes ya no pudimos dormir, pero tampoco comentamos nada, sólo nos veíamos de cuando en cuando unas a otras y seguimos en silencio esa madrugada y mañana.  A todas nos impresionó mucho ser testigos de una muerte así, (y diré que en la situación que estábamos nos caló profundo).

Al día siguiente el médico que me informó de la intervención vino por la respuesta, le pedí que permitiera que llegara mi hijo para volver a hablarlo con él y darle mi respuesta, haciendo un gesto de aceptación, me dijo que me tomarían otra placa para ver el daño en mis pulmones y, poco después, asombrados los médicos, me informaron que el agua de mis pulmones se había reabsorbido (de un día para otro, ya que me estaban tomando placas todos los días), y que ya no necesitaban hacer el procedimiento que me habían dicho, aunque  no tenían explicación lógica a esto, pero que ahí estaban, mis pulmones limpios, ¡Ufff! Qué salvada, porque, además me habían vaticinado unos dos meses en el hospital, y quizá ese procedimiento tendrían que hacerlo de todos modos y en ambos pulmones y ahora, de un día para otro ¡ya no era necesario! Y había posibilidades de salir en  un par de días.

De todos modos me quedé el fin de semana en observación, pero además de la “normal”, parece que estaba en otra clase de observación, ya que había gente que no había visto nunca pasar por ahí, y que pasaba lentamente por el pasillo o se quedaban unos momentos por fuera de la habitación y me observaban y hacían discretas señas a mi persona mientras hablaban entre ellos.
Fue muy incómodo, ya que no entendía por qué.

En el tiempo en que estuve en el hospital, Mario (mi hijo) teniendo que efectuar tantos trámites llegó a hacer amistad con algunos empleados y enfermeras.  Uno de los empleados estaba tomando un café cuando Mario fue por unos papeles y le invitó un café y mientras se lo tomaban le dijo:

-Suerte la de tu mamá.

Volteando a verlo con extrañeza, Mario le pregunto: -¿Por qué?

-Porque cuando  Eulalia atiende a una habitación, siempre hay una muerte y una curación extraña y rápida.  A tu mamá le tocó la curación, y la cama contigua a la de ella fue la paciente que falleció, ya se sabe en todo el hospital.

Mi hijo con cara de sorpresa, ya que él todavía desconocía lo sucedido,no supo qué contestar, y preguntó-“¿Quién es Eulalia?”, “¿y de qué curación hablas?, a mi madre la operarán” con una sonrisa el empleado le dio el papel que buscaba mi hijo mientras le decía “ya no”!! -entonces le contaron lo que sucedió esa noche así como el resultado de las radiografías de ese día, y también que Eulalia  fue una enfermera que murió en servicio tratando de salvar un paciente que entró en paro cuando ella se encontraba sola en el ala de guardia, y aunque ella salvó al paciente, el esfuerzo hecho y su edad le provocaron un paro a ella, y desde entonces se aparece días antes de un fallecimiento y cuando comienza a atender una habitación, alguien se recupera ahí, (así como yo), y alguien de la misma habitación fallece… pero nunca sabemos a quién le va a tocar qué… Como siguió a tu mamá desde Urgencias y estaba grave, todos pensábamos que ella seria quien fallecería, pero se fue una paciente recién ingresada ¡cosas de Eulalia!

Quedando sin palabras, mi hijo se acabó el café y fue a contarme esta plática y a preguntarme que había pasado,  él ha sido escéptico, pero después de contarle lo que estuvo pasando en las noches anteriores, lo creyó, y creo que se ha vuelto mas creyente de estos temas, y yo, beneficiaria de la extraña curación debida a Eulalia, también he reafirmado mi fe.

Hoy,  casi repuesta y agradecida a quien quiera que haya intervenido en mi mejoría, agradezco a Eulalia su elección, no volvi a ver a Eulalia en los días siguientes a ese dia, lo que no se si agradecer o estar triste por no darle las gracias por su intervención.

Décimo primer día

Acabo de salir del hospital y son pasadas las seis de la tarde, voy despacio tomada del brazo de mi hijo Mario, y algo en el ambiente me hace voltear al hospital, específicamente a la puerta por donde acabamos de salir, y casi me caigo, porque en la puerta, frente a nosotros veo a Eulalia moviendo su mano en señal de despedida  y casi puedo jurar que a su lado está mi vecina de cama… la paciente que murió el día de los hechos, Eulalia con una sonrisa y ella con cara de sufrimiento, tomadas de la mano… al recomponerme, le digo a mi hijo y volvemos a voltear pero ya no están… nos vamos de ahí,  yo rezando por no regresar… JAMÁS.

© Silvia Eugenia Ruiz Bachiller, ©Daniel Alvarez Benitez
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La Cita

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Leinad

{Hoy por la mañana llegué a la ciudad, me he hospedado en el hotel más elegante, ella me dijo que habría una gala ahí, y que ya estaban reservados los lugares para ambos así que es ahí donde nos encontraríamos… 

Llegue a la recepción, pedí una habitación y me dieron la 232, un gran número, siempre de un modo u otro en mi vida, siempre importante… espero que hoy también, y comenzamos bien ya que es una habitación estilo Luis XV. 

Una vez instalado, solicité al concierge, porque para esta noche necesitaba unas cosas en la habitación y seria explícito así que pedí que viniera para decirle qué necesitaba que hicieran…

 Siendo casi las ocho, comencé a arreglarme, poniéndome una camisa cuello Mao, con un traje recto de corte ingles, color azul ultramarino, de dos botones, sé que ya no es muy usual usarlos, pero siempre me han gustado, me coloque las mancuernas de plata.

 Tengo tantas ganas de conocerla, de tenerla en mis brazos…

Después de un año y medio de amor virtual, hoy es el día, hoy nos conoceremos, y hoy tiene que ser especial, por eso es que pedí que vinieran para dar las indicaciones de lo que quiero para la habitación porque hoy, será el día mas especial de todos…}

Sophia

Hoy lo conoceré, después de año y medio de amor virtual, ¡por fin hoy nos conoceremos!, nos veremos, nos tocaremos, acariciaremos, besaremos y …

 Hoy es el gran baile anual del club, lo invité, me pareció una buena ocasión para el primer encuentro.

 

Me visto cuidando hasta el menor detalle.  Contemplo mi vestido largo, es un vestido lindo, de gasa color verde esmeralda (dicen que es mi color, por mi piel blanca, mi pelo rojo y, sobre todo, mis ojos verdes), es amplio, de mucho vuelo, acinturado, el corpiño bajo la transparente tela, es sin tirantes, pero discreto, el top es de cuello redondo, manga larga, poco escotado, sugerente, pero con clase, quiero que tenga una buena impresión de mi persona…(me detengo, estoy frente al espejo poniéndome los aretes, unos herretes de tres caídas en pequeñas esmeraldas y diamantes).

 Persona… hoy  nos conoceremos en persona. ¿sentiremos lo mismo? ¿la misma atracción que en el chat o por teléfono? ¡espero que sí! Cuando me hace el amor por teléfono, me vuelve loca ¿lo logrará en la realidad?

 Escojo los zapatos , color perla, tacón de aguja, de tiritas, sexis ¿se fijará en ellos?

 Mi pelo lo llevo peinado de nido con maxi trenza, elegante,  con remembranzas del de  Grace Kelly (para verme diferente),  lo complemento con una peineta en verde esmeralda con azahares plateados  Una delicada gargantilla de esmeraldas y diamantes y un pequeño camafeo antiguo en el cuello del vestido.

 Espero no ir muy recargada, pero en esos bailes anuales del club, todas vamos así.

 Estoy nerviosa, llego al salón en el hotel más elegante de la ciudad, la decoración recuerda los finales del Siglo XIX, tal como indicaron que sería el tema del baile “Los Románticos de Ayer”, como anillo al dedo a mi primer encuentro personal con Leinad. ¿se verá tan guapo como en sus fotos? Suspiro, estoy muy enamorada y temerosa ¿nos gustaremos, atraeremos y amaremos como lo hacemos virtualmente?

 Llego al suntuoso salón, como era de esperarse, hay una gran escalinata hacia abajo, para hacer entradas grandiosas.

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 Me tiemblan las manos, me tiemblan las piernas. Me detengo en lo alto de la escalera, buscándolo con los ojos, me dijo que vendría de azul ultramarino (el color que mejor le queda a todos los hombres) con camisa de algodón cuello Mao, a él tampoco le gusta seguir las normas al pie de la letra, nos parecemos en tantas cosas…

 No lo veo, me pongo más nerviosa, recorro el lado derecho del salón, no está, empiezo a revisar el lado izquierdo ¡ahí está!, más guapo que en sus fotos, él también me está buscando con la mirada. Antes de que nuestros ojos colisionen lo observo detenidamente por unos segundos:

 Él trae un traje corte inglés dos botones, solapa recta, el color parece negro, pero es azul ultramarino, tal como me dijo que se vestiría. Me gusta su estatura, me gusta su porte, sus ojos, ¡me gusta él!

 Nuestras miradas se encuentran, las clásicas maripositas en el estómago, mis rodillas se vuelven de agua, no hay  donde detenerme, respiro profundo, me rehago, levanto la barbilla, le sonrío con los labios  y la mirada y empiezo a bajar, tiene que ser una gran entrada, él está ahí.

 Leinad se dirige a mí, sin despegarme la vista. También sonríe ¡qué distancia tan larga! de la puerta de la terraza a la escalera.

 Llega, extiende la mano, le doy la mía, temblorosa, la toma, un choque eléctrico nos recorre a ambos, y hace lo inesperado ¡me besa la mano! Me tiemblan más las rodillas, creo que él se da cuenta.

Leinad

{La veo bajar lentamente, como una reina, acercándose el momento de estar frente a frente, me dirijo a ella sin dejar de mirarla, nos saludamos, percibo su perfume, Chanel Nº 5. Parece coincidencia, pues al encontrarnos y besar su mano la orquesta comenzó a tocar un vals… el mas hermoso para ese momento… El Vals de las Flores…

 -¿Bailamos?

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 Tomando su mano, y sin esperar su respuesta le conduzco hacia la pista y a abrir el baile, sin dejar de ver sus ojos verdes, y esa sonrisa encantadora, ya en la pista, le paro frente a mi, y colocando mi mano en su cintura, y ella su mano en mi hombro,  con la izquierda  tomo su mano y comenzamos a danzar el vals, siendo  seguidos por otras parejas. Entre la gente danzando el vals, me acerco a su oído y despacio le susurro:

 -Quiero mostrarte algo, allá arriba; es un regalo. Para ti, por  estar juntos…- noto que se estremece}

Sophia

Bailamos el Vals de las Flores, me doy cuenta de que al fin estoy bailando con mi amor, tanto desearlo, por tanto tiempo y al fin estoy en sus brazos y me encanta sentirme en sus brazos, cierro los ojos, es mi sueño hecho realidad, se acerca a mi oído y me susurra que me tiene un regalo allá arriba, su aliento tan cercano me da un escalofrío de placer.

 Termina el vals, nosotros seguimos danzando ya sin música, y mirándonos a los ojos, hasta que nos damos cuenta que nos miran y no escuchamos la música;  nos reímos; queriendo ver la sorpresa que me tiene, sin decir palabra tomados de la mano, nos dirigimos a la salida, mucha gente me saluda, aunque no se acercan, me ven acompañada y solo sonríen saludándome.

 Una vez en el lobby, él es el guía, me lleva de la mano al elevador, no hablamos,  decimos todo con la mirada.

 Adentro del elevador estamos solos y sonriendo, nos arrojamos uno en los brazos del otro como lo soñé siempre, tomando mi barbilla me beso suave y apasionado a la vez, llegamos al 2º piso.

Entramos a la  habitación con puerta de doble hoja me llama la atención  los números, grabados en relieve: 232, me extraña un poco que al entrar sonría y los acaricie con la yema de los dedos.

Quede con la boca abierta, admiro la pequeña estancia, con sillas y sillón tipo Luis xv, la cama de época, en madera, con postes altos, y un dosel de gasa. Una hermosa habitación como mandada decorar para la ocasión, pero quede con la boca abierta, emocionada casi hasta las lagrimas, y es que hay muchos pétalos de rosas de distintos colores y flores tiradas en la cama de blanca colcha y repartidas por todo el piso del cuarto.

Leinad

{En una mesa bar, a un extremo, se encuentra un servicio completo con una botella de champagne, Armand de Brignac, cosecha del 49, con unas copas de cristal de Baccarat, así como un tazón con las fresas mas rojas que se hayan visto, exacto como lo solicité y en tiempo para este momento…

 Así que mientras ella avanza despacio y admira la habitación (me alegra que aprecie los detalles), sirvo dos copas de champagne, ofreciéndole unas fresas en un pequeño refractario de plata y la copa de champagne.

 Ella nerviosa y yo sonriendo, para relajar la tensión del momento; ella, volteando, me invita a la terraza para admirar la luna y aprovechar tomar un poco de aire y ahí,  disfrutando el esplendor de la vista desde la terraza del hotel, hicimos un brindis, por el futuro, por el hoy y por siempre… y escuchamos el característico sonido del cristal de Baccarat, al chocar las copas, mientras mordemos una fresa, y damos un sorbo a la bebida disfrutando ambos el ácido de la fruta que cambia el sabor del champagne, volviéndolo dulce y con sabor a fresas, así como ha sido nuestro amor, a veces ácido y amargo, pero en conjunto muy dulce y excitante, como la champaña}.

 Sophia

Si me quiere impresionar, lo ha logado totalmente. En copas de cristal de Baccarat sirve la champaña (mi favorita, champaña, Armand de Brignac, cosecha del 49, ¿cómo lo supo? Se lo habré mencionado alguna vez? ¿Tenemos los mismos gustos?) y me la ofrece junto con esas fresas, es delicioso.

Estoy muy nerviosa, con la anticipación, con el anhelo de ver cumplido mi sueño de estar con él, con tantos detalles que me encantan.

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Lo invito a salir a la terraza, hay luna llena, el ambiente romántico, él, su vibración, la energía que desprende, su aroma, la champaña, todo es perfecto.

 Estamos felices, reímos y brindamos por el momento, por el futuro y para siempre,  mientras, comemos algunas fresas mirándonos a los ojos y sonriendo, sobran las palabras; en ese momento en silencio sin palabras innecesarias, bebemos pequeños sorbos de champaña que, con las fresas, mejora su ya exquisito sabor, hasta que él me sugiere que entremos, coloca las copas en el bar y me mira significativamente mientras se acerca lentamente a mí, esa mirada suya me hace estremecer.

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{Mirándonos a los ojos, entramos a la habitación, tomo la copa de su mano, dejo ambas junto a la champanera, y las fresas, y volteando me veo en sus ojos color verde, que su vestido resalta y disfrutando de la mirada, me acerco.}

 Sophia

Respondo a la mirada y también me acerco a él, que me toma por la cintura, me atrae hacia su cuerpo y me besa en los labios primero suavemente, apenas un leve roce, pero que me hace temblar, luego me besa paseando sus labios sobre los míos, me tengo que colgar de su cuello, porque mis piernas ya no me sostienen, poco a poco los besos se hacen más apasionados, nuestra respiración se acelera mientras él empieza a desnudarme, descorre el zíper y mi vestido cae, veo brillar su mirada al contemplarme.

Yo le quito el saco,  la camisa, y nos desnudamos uno al otro lenta y sensualmente, mientras nos besamos y  disfrutándonos en cada roce, en cada caricia, al tocar la piel del amado, quedamos semidesnudos y así, me toma en sus brazos y me lleva a la cama.

Leinad

 {Tomándole de la cintura, rozo sus labios con los míos mientras se mezclan nuestras respiraciones y con ello se aumenta la temperatura de nuestros cuerpos, pasando del sólo roce a un beso suave y apasionado a la vez, compartiendo y disfrutando del sabor a fresas y champagne que ambos tenemos, lo que vuelve mas profundo el deseo de la caricia, volviéndolo más pasional, a cada momento, volviéndose más carnal y excitante, mas asfixiante, tanto, que nos comienza a dejar sin aliento, mientras nuestras manos, cobrando vida propia comienzan despacio a desnudarnos uno al otro. Con mis dedos comienzo a bajar el cierre de su vestido despacio, mientras ella me ayuda a quitar el saco y la camisa, poco a poco la ropa fue quedando fuera hasta que semidesnudos, la tomo en mis brazos llevándola a la cama, y depositándola suavemente, comenzamos las caricias previas a hacer el amor… }

Sophia

Me toma en sus  poderosos brazos y me deposita suavemente en la cama, estoy temblando, nos acariciamos, nos besamos, nos entregamos a la pasión, me hace gemir y perder el ritmo de la respiración.

Leinad

{Caricia tras caricia, beso tras beso, hasta llegar a lo más ardiente de nuestra pasión, ya no podemos esperar más y suavemente comienzo a unirme a ella.}

Sophia

 Llega el momento de la primera unión total, lo siento en mí, es un momento excelso para mí, más allá del deseo o la pasión, en ese instante se detiene el tiempo y lo siento entrar en  mi vida, en mi corazón, en mi alma, en mi cuerpo. El tiempo se detiene entre caricias, besos, gemidos, y gritos ahogados de pasión entre ambos porque esa energía explosiva tiene que salir de algún modo.

Éxtasis.  Mientras él me está amando, yo ya no puedo pensar, estoy desconectada, sólo siento, siento, lo siento, apenas percibo allá a lo lejos sus palabras tiernas y luego apasionadas.

 Después de una eternidad que no se si es una hora o un minuto,  ambos llegamos al mismo tiempo al cielo, gritamos nos entregamos, nos fundimos, somos uno solo.

Leinad

{Después de amarnos habiéndonos unido con almas mentes y cuerpos, y agotados ambos, con la respiración entrecortada, me acomodo boca arriba y ella se coloca pegada a mi, reclinada sobre mi pecho, con su muslo sobre mis piernas, jugando y acariciándome plácidamente con su pierna y pasando su mano y sus dedos sobre mi pecho, mientras su mirada está perdida en sus ensueños.

La rodeo con mi brazo y con mis dedos dibujo figuras amorfas en su espalda, nos quedamos así un rato, mientras le digo “te amo” en varias ocasiones, mismas que ella responde con otro “te amo”; hasta que levantándome, me dirijo al baño y volteo, la veo esplendorosa y radiante en la cama, ella me mira y sonríe, a la vez que veo un brillo de felicidad en sus ojos}.

 Sophia

Después viene la calma, el reposo, el recuperar el aliento, el mirarnos y sonreír, acariciarnos tiernamente, me besa en la frente, lo beso en la barba, me recargo en su pecho, escucho sus desbocados latidos, iguales a los míos, paseo mi mano por todo su pecho, luego sólo la punta de mis dedos, me gusta sentir su piel húmeda, coloco mi pierna sobre las suyas, lo siento, ahora en reposo, gozo jugando con él, deslizándola sobre él, acariciándolo.

 Él sólo sonríe y me repite muchas veces –Te amo – Contesto –Yo también te amo.

 Me acaricia la espalda, tan suavemente que me hace estremecer y temblar de nuevo.

 Pasamos unos momentos muy tiernos después de hacer el amor y él dice que es tiempo de darnos un delicioso baño, se levanta y se dirige al cuarto de baño.

 Leinad

{Entro al baño y preparo en la tina agua templada, vierto en ella sales de baño con pétalos de Flor de Azahar y agua de rosas, además dejo caer en el agua pétalos que hay en el baño; salgo, la contemplo en la cama, me dirijo a ella y tomándola en mis brazos me regreso al baño con ella como preciosa carga y así frente a la tina, dándonos un beso nos metemos a ella}.

Sophia

Leinad sale, me contempla, viene por mí me toma en sus brazos y entramos al baño, ahí me encuentro con otra agradable sorpresa, hay una amplia tina antigua, de porcelana. Al agua tibia le ha añadido agua de rosas, sales de baño con pétalos de Flor de Azahar (veo los frascos), y pétalos; mmm qué delicia, me cautivan esos detalles, ha pensado en todo. Me besa y se mete a la tina conmigo en brazos, yo grito y me río, me fascina.

Jugueteamos, nos acariciamos, ineludiblemente volvemos a amarnos dentro del agua ¡qué experiencia! Las caricias toman otra dimensión. Nos amamos una vez más, me hace probar otras delicias que no conocía y que me encantan.

Leinad

{Jugamos en el agua y volvemos a hacer el amor en la tina; yo disfruto su cuerpo, ambos, la frescura del agua.  Nos amamos nuevamente, los dos volvemos a alcanzar el clímax}.

Sophia

Estoy exhausta, me envuelve en una fresca y suave bata de baño y regresamos a la cama, tiempo de descansar un poco, acurrucada en sus brazos, nos dormimos profundamente.

¡Qué feliz soy!

Se escucha – Adagio in G Minor Albinoni

Leinad

{Y despierto… he vuelto a soñar con ella… el mismo sueño, el sueño de siempre…

Sophia

Despierto… me pregunto si él tendrá el mismo sueño recurrente… este sueño de sueños,  el sueño que encierra nuestros deseos… y que algún día se cumplirá.

 

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Cuento escrito en coautoría: Silvia Eugenia Ruiz Bachiller/ Danshaggyalv.  

Idea original: Daniel Álvarez (Danshaggyalv),

ideas adicionadas: Silvia Eugenia Ruiz Bachiller.

Edición: Silvia Eugenia Ruiz Bachiller/Daniel Álvarez.

 

© Silvia Eugenia Ruiz Bachiller

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© Silvia Eugenia Ruiz Bachiller

© Silvia Eugenia Ruiz Bachiller

Imágenes tomadas de internet, Pinterest  o de los enlaces relacionados.  Creo que no es necesario advertir que algunas fotos, son imágenes actuales, sólo para dar una idea de cómo fueron en aquellos tiempos y lugares.